viernes, julio 25

Rumores



Los rumores son un fenómeno fascinante. Al menos a mí me lo parece. De un pedacito de información cualquiera se pueden originar las historias más increíbles.

En los pueblos este fenómeno llega a tomar unas proporciones desorbitadas. Pareciera incluso que a menor número de habitantes, mayor número de rumores. Y no sólo en Alaska, no. Es un fenómeno universal que podemos encontrar desde Alaska a la Patagonia y seguramente a la China también. Puede que sea porque la gente no tiene muchos entretenimientos sociales y entonces se entretienen inventando historias sobre los vecinos. O tal vez el estar tan en contacto con la naturaleza desarolla la imaginación de una forma que la gente de ciudad no llega a comprender. O simplemente por fastidiar... No sé cual es la razón, pero el caso es que los rumores suelen dar mucho que hablar.

Cuando uno tiene el privilegio de escuchar un rumor que le implica directa o indirectamente, la diversión suele estar asegurada, siempre y cuando uno se lo tome con humor. Aunque a lo largo de mi vida he tenido la desgracia de ser víctima de rumores crueles, de esos que es mejor perdonar y luego olvidar, en este caso no puedo menos que sonreir ante la inventiva del prójimo.

Ayer tuve la suerte de escuchar uno de los rumores más imaginativos que he escuchado jamás. Los protagonistas de esta historia son nuestros queridos Mortadelo y Filemón. No, no los de Ibañez, sino esas cabritas que fueron tristemente devoradas por un oso hace como un mes o así.

La historia va así.

Un hombre del pueblo, al que llamaremos por ejemplo John Smith, que trabaja en la construcción de la nueva línea de alcantarillado del pueblo, pasó ayer por el trabajo de mi amiga Elisabeth y se puso a hablar con su jefe sobre un extraño fenómeno que acababa de observar en casa de esa gente extranjera y medio rara que viven en la cabaña de troncos de la esquina. Sí, los españoles esos que tienen unas cabras.

Nuestro intrépido John Smith relató como al pasar por casa de los españoles a marcar la entrada de su terreno, había visto a una de las cabras y se había acercado a acariciarla. Al ir a tocarle la cabeza cariñosamente, el pobre hombre dió un respingo y se echó para atrás, medio confundido y a la vez medio asqueado. La cabra en cuestión tenía la tapa de los sesos levantada y recubriendo el cerebro había un pedazo de plástico a modo de casco. Dicho plástico seguramente cumplía la higiénica función de proteger a la cabra de infecciones y otras vainas que pueden derivarse de andar con la masa cerebral al fresco.

Por suerte, el español estaba cerca y John Smith pude preguntarle por qué le habían hecho a la cabra semejante cosa. Aparentemente David, ni corto ni perezoso, despejó todas sus dudas al explicarle claramente que el remover al animal la tapa de los sesos tenía una función muy específica. El plástico sustituiría dicha parte del cráneo durante todo un año, y después de ese tiempo le volverían a colocar la susodicha tapa. Eso aseguraría que la cabra nunca más tendría ganas de escaparse de casa. Desde luego es innegable que esta solución es mucho más práctica y sobre todo mucho más segura para la cabra que una cuerda al cuello o un redil.

Obviamente, en el trabajo de Elisabeth se montó una tremenda algarabía. ¿Sería esto vudú o quizás parte de un ritual satánico? Es de sobras conocido en el mundo entero y parte del extranjero que el vudú es parte integral de la cultura española, igual que los toros, el flamenco, o el ir de tapas. Intentaron por todos los medios convencerla para que viniese discretamente a visitarme con una cámara de fotos para retratar a la cabra en cuestión, a lo cual ella se negó. Pero accedió a preguntarme sobre el tema antes de entrar a clase de yoga es mismo día.

Ahora imaginaos la cara con la que me quedé cuando oí esta historia.

Es cierto que las cabritas tenían algo extraño en la parte frontal de la cabeza. Parece ser que los que crían cabras para uso doméstico, les queman los incipientes cuernos cuando son crías, para que no lleguen a desarrollarlos y así evitar embestidas dolorosas a los humanos. Cuando las cabras llegaron a nosotros ya les habían hecho esto y al cabo de un par de semanas los cuernitos que tenían se cayeron. Debajo quedaron piel y carne en proceso de cicatrización, lo mismo que cuando se cae una costra de una herida.

De esto a agujeros en el cráneo cubiertos con plástico y rituales de vudú, hay todo un mundo. O más bien todo un universo. Uno que realmente no alcanzo a comprender. ¿Por qué necesita alguien inventarse semejante estupidez y esparcirla a los cuatro vientos? Eso sí, me he reído un buen rato a costa de la imaginación ajena, eso desde luego.

No era de esto de lo que quería hablar en mi post de vuelta a casa, pero no me he podido resistir.

jueves, julio 17

Castiñeiras



Cada vez que tengo la gran suerte de poder pasar unos días en mi lugar favorito del planeta, me asalta algún que otro fantasma del pasado. Cosa por cierto nada infrecuente en mis numerosas vueltas a casa, sea por Navidad como el turrón o en pleno verano como ahora.


Castiñeiras es un lugar cargado de recuerdos de otra época de mi vida. Anécdotas que me gusta recordar, aunque algunas las haya ido olvidando por el camino. Sensaciones y sentimientos que reconozco como pertenecientes a un pasado clarooscuro y bastante lejano ya. Pero con todo, retazos de una vida que me ha ido conformando como lo que soy. Y que de vez en cuando no viene mal revisar e incluso revivir.


Castiñeiras trae consigo, sobre todo, largas horas perezosas de playa y sol en las que se agolpan los recuerdos. Noches interminables persiguiendo estrellas fugaces y saboreando queimadas en las rocas. Fiestas apoteósicas que aún perduran en la memoria de muchos, incluso en las de aquellos que no asistieron. Desayunos de higos frescos recién cogidos del árbol. Horas y horas recogiendo "coloritos" de entre los granos de arena de la playa. Soledad, lluvia, saxofones... Tiempos lejanos que aún hoy provocan sonrisas y complicidades. Tiempos que están también muy ligados a mi hermano, uno de los cuatro hombres más importantes de mi vida y al que quiero con toda mi alma. Sé que él lo sabe.


Estos días han sido estupendos aunque muy breves. De todos modos, en Castiñeiras incluso dos meses pasarían volando. El tiempo no ha acompañado demasiado, pero al menos hemos podido bañarnos en el mar unos días.


Naím y yo hemos disfrutado de la familia a trompicones. Unos días estaba sólo el abuelo, otros estaba sólo el tío, otros días estaban todos, y también nos visitaron por primera vez los cuñados de Madrid... Incluso pasamos un par de días de soledad y lluvia y tuvimos un delicioso encuentro fortuito con Peke, una de las lectoras de este blog.


Aunque me voy de aquí, este lugar se queda siempre dentro de mi corazón. Y un pedazo de mi corazón queda atrapado en la arena, igual que aquella lágrima de la canción. Ahí, entre el granito desmenuzado por el mar, los coloritos y los pedazos de conchas blancas. No puede ser de otro modo.

lunes, junio 30

Madrid



La etapa madrileña del viaje toca a su fin. Han sido ratos hermosos y muy variopintos, donde en cada casa me he sentido como en la mía propia. Hemos pasado varios días con la yaya, las cuñadas, y mucha piscina para amortiguar un poco el tremendo calor que ha hecho.


Le agradeceré eternamente a la yaya el haberme dado algunos de los pocos ratos de vacaciones que realmente tengo al año. Poder sentarme a leer durante cuatro horas sin interrupciones es un lujo que raramente disfruto en la vida diaria. Naím adora a su yaya y con ella es capaz de olvidarse por un ratito de la mami, que en estos momentos de tanta gente, tanto ajetreo inusual y cinco cambios de cama en una semana, es el único referente estable que posee.


Además de la familia, ha sido también rato de amigos, o más bien de Amigas. De esas con mayúsculas, de las que llevan ahí más de 15 años y seguirán ahí por siempre. De esas que se cuentan con los dedos de una mano.


Tuvimos nuestros momentos de tradiciones africanas...


Nuevos amigos...


Conciertos de jazz en la plaza del pueblo con las cigüeñas en el palco...


Y, cómo no, mucho fútbol. A Naím curiosamente le apasiona y aunque a mí el fútbol me la refanfinfla, siempre me entra el patriotismo en casos de campeonatos internacionales, qué le vamos a hacer.


Mañana cogemos carretera y manta y acompañados por el abuelo que no ha podido resistirse a venirnos a buscar, salimos de camino a Galicia. Esperemos que el buen tiempo nos siga acompañando.

viernes, junio 27

Mortadelo y Filemón






Finalmente les habíamos puesto nombre, después de casi dos meses de que entrasen a formar parte de nuestra vida diaria. Mortadelo y Filemón. Uno flaquillo, alto y oscuro. El otro bajito, rechoncho y blanquito.

Dos días antes de salir de viaje le pedimos a Abe, el otro dueño de las cabritas, que se las llevara a su casa. Las íbamos a compartir durante el verano, un rato aquí y otro allá. Son unos cortacéspedes buenísimos y como la hierba en Alaska crece a razón de palmo diario, ellas bien alimentadas y nosotros todos contentos.

Se las llevó a su cabaña río arriba, en pleno monte, a varios kilómetros del pueblo más cercano. Les había construído un corralillo y estaban felices. Eso es, hasta que un oso se las merendó hace dos días.

Así son las cosas en Alaska, te descuidas un ratillo, y viene un oso a zamparse tus cabras. Qué penita... Con lo simpáticas que eran...

miércoles, junio 25

Barcelona



No lo hubiese imaginado nunca, pero al aterrizar en Europa comprobé que mi cuerpo se había desacostumbrado a sentir calor. Curiosa sensación la de ir adaptándose a ir con medio cuerpo al aire, sudando, y agradeciendo cada oportunidad de pasar un poco de fresquito.

La primera etapa del viaje ha sido Barcelona. Dos días estupendos acogidos en los 24 metros cuadrados más cálidos de toda la ciudad. Y no por el calor, que lo hacía y mucho dentro del apartamento, sino por la calidez humana que desprende mi querida hermana Chío. La visita ha sido corta y me ha sabido a poco. Espero con ganas volvernos a encontrar en Galicia, aunque sea para disfrutar de otro par de días juntas. Las labores de tía las ha hecho estupendamente. Toda una profesional, aunque ejerce más bien poco por lo lejos que le queda su sobrino.


No estaba en Barcelona desde la excursión de fin de curso de COU. De eso hace ya muchos años. De la ciudad hemos visto más bien poco, pero las excursiones que hemos hecho han sido variadas y tremendamente agradables. Un viaje a la playa de l´Hospitalet de l´Infant con visita al precioso pueblito del Roc de Sant Gaietá. Fue una pena no haberme llevado la cámara de fotos para poder compartir las preciosas imágenes de ese pueblo que tengo en la mente, así que por primera vez tomo una prestada. Tapitas, terracita y fuegos artificiales de la noche de San Juan. Un placer indescriptible.


Para equilibrar, al día siguiente nos fuimos a visitar la montaña que hace honor al quinto de mis nombres. Montserrat. Y sí, tengo cinco nombres, como si fuese de la realeza, pero esa es otra historia que ahora no viene al caso. Precioso, verdaderamente impresionante. El día estaba cubierto y bochornoso, y se agradecía la sombra de las nubes y el viento de la cima. Naím feliz corriendo por los caminos, viendo mariposas, pájaros y escaladores, y descansando subido a hombros de su tía Chío. Y su madre encantada de poder pasear por la naturaleza sin tener que preocuparse de los osos o los alces a cada paso. Qué descanso y qué placer.


Ya de regreso a Barcelona, hicimos una visita a última hora al famoso Parc Güell, que no había visitado nunca. Estaba casi vacío, lo cual hizo el paseo muy agradable, sin las típicas hordas de turistas. Me encanta Gaudí y su estrambótica imaginación arquitectónica.


Como detalle lingüístico, decir que en estos días, Naím ha aprendido una nueva palabra que dudo mucho que se le olvide jamás. Petardo.

Gracias hermana por tu hospitalidad y por ser tan tú misma como eres. Te quiero.

miércoles, junio 18

Huyo despavorida



Dieciocho. Los he contado. Dieciocho mosquitos en la parte alta de la capucha de mi amiga. Y eso es sólo en el lado derecho. Si hago la cuenta a ver a cuantos tocan por persona, me da un pasmo.

Hace un par de días que ha comenzado la invasión. Está en sus más tiernos principios, dicen. De aquí a tres semanas estará en su punto álgido. No me lo quiero ni imaginar.

Así que he decidido poner pies en polvorosa, y junto a mi aterrorizado hijo, largarme unas semanas a tomar el sol lejos de las hordas que se avecinan. Me voy a mis queridas playas gallegas, allá donde los mosquitos salen a pasear discretamente un ratito cada día. Lo normal, vamos. A disfrutar de la familia, de los amigos, del sol, de mi ría, y que no falte un buen marisquiño bien regadito con su Albariño.

Así que ahí voy de nuevo, de acá para allá...

martes, junio 3

Vida de Subsistencia


"Un alce en el camino" Aniak, Alaska Mayo 2008 Ahí arriba os dejo la mini entrevista que me hicieron el otro día por la radio, para los que queríais escucharla. Al final hablamos un poquito de la comida que se come por estos lares, y quisiera aprovechar para aclarar que no, los osos no están en extinción en Alaska y menos porque haya gente que se los coma, y sí, los repollos se venden en la tienda del pueblo a 7 euros cada uno. A lo de los repollos ya le hemos puesto remedio con el invernadero y la huerta que hemos comenzado a plantar este fin de semana pasado. Repollos, coliflores, acelgas, brécol, espinacas, tomate, lechuga, cebolla, puerros... todo tipo de verduras para evitar en la medida de lo posible el tener que comprar en la tienda del pueblo. Lo de ir de compras aquí es toda una odisea que ya relaté en su momento, así que no me repito. Con respecto a lo de los osos, creo que en esta zona del mundo es importante hacer distinción entre la gente que caza para mantener una economía de subsistencia y aquellos que cazan por "deporte." De estos últimos también hablé hace tiempo, si os interesa leer un poco más. En Alaska está permitido hacer lo que llaman "subsistence living" si eres residente del estado, o sea, si llevas al menos un año viviendo aquí. No estoy segura de que haya zonas donde no se permita, pero en ésta desde luego, es el modo de vida de mucha gente. La mayoría de los nativos (esquimales e indios) viven de esa manera y algunos blancos, entre los que nos incluimos nosotros, también. La vida de subsistencia implica básicamente que se vive, en la medida de lo posible, de la pesca, la caza, y de la recolección de frutos del bosque. También podemos añadirle la recogida de madera, aunque eso es tema para otro post. Tenemos ahora mismo una polémica en el pueblo tremenda, sobre si los blancos podemos o no recoger leña fuera de los límites de nuestra propiedad. No entraré en detalles ahora, quería hablar de la comida de subsistencia. El salmón es el pescado por excelencia en Alaska. Su temporada marca el inicio del verano y de la época de recolección y almacenamiento. Es un salmón muy diferente al que hay en Europa, mucho menos graso. La temporada empezará en cualquier momento, en cuanto se corra la voz de que alguien ha pescado el primer King Salmon en el pueblo. De hecho, ya hay gran expectación, porque el fin de semana pasado se pescó el primer King en Kalskag, el siguiente pueblo río abajo. Dentro de un par de semanas empezarán a llegar los Chum, y más tarde los Silver y los Red. Tenemos un par de meses por delante donde la vida girará en torno a la pesca de las distintas clases de salmón, y su posterior procesado para guardar reservas para todo el invierno. Tenemos tres formas de conservar salmón: en crudo y congelado al vacío; ahumado de 3 días y envasado en frascos de cristal también al vacío; y ahumado de diez días y posteriormente congelado para ir sacando según vaya apeteciendo. También hacemos caviar con las huevas, que con pan y mantequilla están riquísimas. Estos días estamos terminando las reservas del año pasado para poder volver a llenar el congelador de pescado fresco. La caza más carácterística de Alaska es la del alce y con ella se cierra el verano y la temporada de recolección y almacenamiento. Se abre la veda en Septiembre y dura unas tres semanas. Durante este tiempo a cada familia le está permitido cazar un alce, siempre y cuando sea un macho que pase de la edad reglamentaria. El resto del año la gente continúa cazando conejos, castores y aves, principalmente. La caza de lobos y zorros es muy frecuente, aunque su carne no es comestible, ya que son carnívoros y por tanto su carne es muy dura. Los osos se cazan también por varias razones, y una de ellas es la defensa personal. En casa, un día cualquiera, podemos comer un guiso de oso, unos filetes de alce, un marmitako de salmón, una paella de ardilla, unas costillas de castor a la plancha, o un pato a la naranja. Algunos cazados y pescados por nosotros y otros (como el oso, por ejemplo) regalados por amigos. Algunos suenan raros, lo sé. Yo misma a veces tengo sentimientos encontrados al comerme alguno de los animales que menciono anteriormente, pero sé que más que nada es por falta de costumbre, porque en mi mundo anterior esos animales no se comían. Yo nunca he sido vegetariana, me gusta comer carne y pescado. Depués de varios conflictos internos sobre el tema, hoy pienso que es mucho más ecológico y menos dañino para el planeta que las proteínas animales que comamos, las cacemos y pesquemos nosotros mismos. Se matan animales para alimentar humanos en todas partes del mundo y en demasiadas ocasiones pasan su vida entera en condiciones increíblemente crueles. Al menos sé que estos animales que ahora nos alimentan han pasado una vida totalmente natural en su habitat original, y que no ha sido necesario destrozar ningún ecosistema para producir el grano con el que alimentarlos. Quíen sabe si el momento de hacerme vegetariana no será el día que me vaya de Alaska.

sábado, mayo 31

Reflejos



"El cielo en la tierra"
Aniak, Alaska
Mayo 2008

Como últimamente hay mucha agua por todas partes, y eso que nos libramos de la temida inundación, estos días es muy gratificante andar por el monte simplemente mirando al suelo. Y no, no es un riachuelo, es un charco en el camino.

Aprovecho para contaros que este domingo a la 1 del mediodía (hora española) me van a entrevistar en directo en el programa Al Sur de la Semana, de la COPE. El programa va sobre gallegos por el mundo, cómo no. Parece que algún reportero dicharachero se encontró con este blog en el ciberespacio y al final me dejé convencer. Eso sí, no prometo mucha lucidez durante la entrevista, habida cuenta de que van a ser mis tres de la mañana.

Viernes

Las 11 y pico de la noche y aún no se ha puesto el sol.



Oye Miriam, que nos vamos a dar una vuelta. ¿Te vienes?



Y nos fuimos en la barca río arriba


a ver el sol de medianoche.

sábado, mayo 10

Ruptura




"Perdido en el hielo"
Aniak, Alaska
9 de Mayo, 2008


Ayer a las 3 de la tarde sonó el teléfono. "Se acaba de romper el río, vamos para allá." Y allá que nos fuimos. La ruptura del río es el acontecimiento primaveral por excelencia en estas tierras. Días antes, la gente anda vigilando el hielo e intentando leer las señales que anuncian el evento. Y en cuanto suena el primer crujido, la voz se corre por el pueblo como la pólvora.


Una vez que empieza, la cosa ya no para. El dique se transforma en el punto de reunión del pueblo. Durante el día todo el pueblo pasea dique arriba, dique abajo y por la "noche" se hacen hogueras y fiestas hasta altas horas de la madrugada.


Mientras el río hace de las suyas, todos andamos pendientes del nivel del hielo. Que si sube. Que si baja. Que si fluye. Que si se para. Es todo un espectáculo. El río cambia constantemente y esos cambios incluyen horas de quietud donde parece que en realidad no pasa nada. Pero cada vez que nos acercamos a ver el río, el paisaje es diferente.


Ahora sólo nos queda seguir vigilando el río para ver si todos esos bloques de hielo que bajan a trompicones terminan atascados en algún meandro río abajo y nos provocan una inundación. Ya hay listas con los teléfonos de emergencia y locales de refugio en el pueblo. La gente ya se prepara para lo peor subiendo a los perros y los vehículos a la parte más alta de sus terrenos, haciendo acopio de víveres que no necesiten de agua para ser preparados, acumulando agua potable en contenedores, y atracando las lanchas a las casas por si ese se convierte en el medio de transporte por unos días. Nosotros lancha no tenemos, asi que entre el kayak y la barca hinchable nos las tendremos que apañar.


En cierto modo, la idea de quedarnos incomunicados por una inundación suena casi hasta emocionante. Pero la verdad es que hoy por hoy, prefiero buscarme emociones por otro lados. Llega un momento en que apetece dejarse de nuevas experiencias y retos constantes, y descansar un rato disfrutando de lo que ya se ha ido convirtiendo en familiar.

Cruzo los dedos y espero a ver qué pasa. En este caso, nada depende de mí.

martes, mayo 6

Agua y Vida


Hasta hace tres días, el frío seguía dominando y los chistes malos sobre el calentamiento global empezaban a aparecer aquí y allá, tomando el lugar que a estas alturas deberían estar ocupando las florecillas silvestres. No en vano hemos tenido el invierno más frío y más largo de los que hay registrados hasta el momento. Estos días en cambio, a casi 10 grados, disfrutamos de lo que seguramente sean los mejores días del año. Y es que, como digo, ya no hace frío porque 10 grados en Alaska es calor, no frío, y las hordas de mosquitos todavía no han hecho su aparición. En estas últimas semanas, aún con el frío, la vida ya había empezado a tomar ese ritmo frenético que toman aquí los días durante el verano. Las 18 horas de luz que ya tenemos descolocan de tal manera, que cuando te quieres dar cuenta son las 11 de la noche y tú allí metida en culquier berenjenal, con la sensación de que son las siete de la tarde, pero con el cuerpo curiosamente cansado. Entre los más recientes berenjenales se encuentran el aprendizaje del arte de la construcción en madera y el no menos artístico uso de la sierra eléctrica. Si ya alguno se hacía cruces con el hacha, lo de la sierra eléctrica es casi más terrorífico. De veras. Gracias a los esfuerzos de David y en menos medida a los míos, ahora tenemos un precioso invernadero donde nuestras plantitas salen a tomar el sol durante el día. Me paso horas allí dentro disfrutando del calorcito, y metiendo las manos en la tierra húmeda, transplantando aquellos primeros brotes que comenzaron su andadura encima de la nevera. De momento van creciendo tomateras a mansalva, calabacines, repollos, coliflor, flores diversas, y alguna que otra hierba aromática. Y lo que queda por plantar aún. Otros berenjenales en cambio, tienen cuatro patas y dos cuernos. Hemos adoptado temporalmente a dos cabritas sin nombre hasta que el río se rompa del todo y su dueño pueda venir a recogerlas en la barca. Lo de la moto de nieve por el río se acabó definitivamente hasta dentro de otros seis meses. Las cabras han aportado una singular nota de color al pueblo. Despiertan al vecindario con sus balidos y son la atracción infantil del pueblo. Naím está completamente fascinado. Y yo, hecha toda una granjera. Muy de agradecer ha sido también el que haya aparecido, como por arte de magia, un profesor del instituto al que aún no teníamos el placer de conocer. EL hombre nos regaló los dos únicos conciertos en directo que ha vivido Aniak en por lo menos un año. Y casi me aventuraría a decir que en muchos más. Local: la pizzería del pueblo. Aforo: 10 personas, incluyendo la dueña, el artista y su guitarra. Y como me ocurre muchas veces, quien aparece en mi vida lo hace justo antes de desaparecer de nuevo, tal vez para siempre... o no. En tres semanas se va a vivir a una islita en el mar de Bering que en el invierno está a media hora caminando de Siberia. Y es que siendo profesor en Alaska, viajas mucho y a sitios muy remotos. Echaré mucho de menos sus conciertos y las reuniones nocturnas a las que me estaba acostumbrando sin mucha dificultad. Y mientras la vida sigue fluyendo y se suceden los acontecimientos a un ritmo cada vez más acelerado, el agua comienza también a fluir dramáticamente a nuestro alrededor. Ese medio metro bien largo de nieve compacta que nos rodeaba se derrite a pasos agigantados. Aquí y allá van apareciendo objetos que de no verlos, habían quedado totalmente olvidados durante el invierno, ocultos por el manto ártico. Después de vivir casi siete meses rodeada de hielo por todas partes, la sensación de volver a escuchar el sonido del agua corriendo libremente es indescriptible. No sé cuantas veces al día me paro a observar su movimiento, serpenteando por el suelo, buscando el punto de menor resistencia para deslizarse sinuosamente hacia abajo, siempre hacia abajo. Volver a sentir de nuevo el agua es como regresar a la vida después de haber hibernado durante la mitad del año. Así es como se deben sentir ahora mismo los osos. Es por todo esto, que el tiempo que paso dentro de casa últimamente es muy breve y queda reservado exclusivamente a las tareas del hogar. Las relaciones virtuales se resienten y las visitas de los abuelos se resienten. Se resiente el blog y el también el reader que se me llena irremediablemente de palabras... tantas como gotas de agua tengo alrededor en estos momentos. Quiero agradecer a Nuria el haber dedicado tiempo y esfuerzo a hacerme una entrevista sobre mi vida en Alaska. No es algo que yo haga todos los días, conceder entrevistas desde el Polo, así que ha sido una nueva experiencia. Gracias, Nuria. También agradecerle a Ana e Ivana los detallitos que han tenido conmigo aunque yo haya estado medio desaparecida en el Polo. Soy sincera cuando digo que el invierno se me ha hecho más llevadero gracias a vuestros escritos y a vuestra compañía en mi espacio. No sé cada cuanto tiempo actualizaré ahora que el deshielo ya ha comenzado, pero espero al menos pasarme regularmente a poner alguna que otra imagen, vaya o no acompañada de palabras.

miércoles, abril 9

¿ Primavera ?


Autorretrato, 1999


La primavera nos anda vacilando. Así, tan alegremente, como si no se diese cuenta de que ya está bien, que estamos casi a mediados de Abril, que ya es hora de que se instale en estas latitudes y haga sus cositas propias de esta estación. A saber: derretir nieve, inundar pueblos, y descongelar las larvas de los mosquitos, que por cierto son el pájaro oficial del estado de Alaska, por si no lo sabíais. Luego y en dos semanitas, ya a punto de terminar su cometido primaveral, hacer brotar todas las hojas de los árboles, conseguir que la hierba crezca aproximadamente un metro, y esparcir florecillas silvestres aquí y allá para darle una nota de color a tanto verdor.

Parecía que todo iba a comenzar la semana pasada. Las temperaturas subieron hasta 8 grados sobre cero y la nieve comenzó a derretirse rápidamente. Claro, que teniendo en cuenta que hay una capa de entre medio metro y un metro de nieve apelmazada que nos separa del suelo y sobre la que hemos estado viviendo estos últimos meses, lo de "rápidamente" es más bien una licencia poética. Por no decir una soberana tontería. En realidad lo que se van creando son unos huecos, traicioneros e invisibles, en la nieve. Huecos en los que caes de repente y sin previo aviso cuando vas tranquilamente caminando a por leña al galpón. Conducir hasta correos se convierte en toda una aventura que transcurre lentamente sobre un amasijo de nieve y agua de profundidad indescifrable a simple vista. Sobre el río empiezan a aparecer inmensos charcos de agua y la autopista de hielo ya se ha cerrado oficialmente. Ahora cada uno viaja por ella por su propia cuenta y riesgo. Los que se atreven, esto es.

Pero finalmente todo se quedó en una tomadura de pelo y hemos vuelto a amanecer a 20 grados bajo cero toda esta semana. Y para mayor deleite mosquitero, no ha parado de nevar. Con lo cual contamos con al menos otros 30 o 40 cm de nieve más a añadir a todo lo que aún queda por derretir. Dicen los enterados que este verano va a ser fino.

Así que mientras la primavera se decide a aparecer, la vida sigue su curso. Y a las actividades de rutina, se han sumado en estos días unas cuantas nuevas.

Tenemos por un lado la jardinería, actividad que dentro de unas cuantas semanitas, se podrá ejercitar fácilmente a medianoche. Esto la convierte en un tratamiento ideal contra los problemas de insomnio por sus efectos relajantes. De momento, y a la espera de tan relajante entretenimiento nocturno, estamos empezando a montar el huerto dentro de casa. Plantando semillas en plantones colocados encima de la nevera, que es el único sitio de la casa donde hay algo de espacio y Naím y Randi no llegan. Con suerte nos dará tiempo a construir un invernadero ante de que comience la temporada. Aquí las huertas no crecen como en cualquier otro lugar del mundo. La estación de crecimiento va del 1 de Junio a como mucho el 30 de Septiembre. Nada se planta en la tierra antes de Junio por la simple razón de que no ves la tierra, y de todos modos si la vieras, estaría completamente congelada. Hay tantísima luz todo el día que las plantas crecen muy rápidamente. En estas latitudes a finales de Junio debemos tener unas 20 horas al día de luz directa. Las otras cuatro horas son una mezcla de atardecer y amanecer donde a vece reinan unos colores espectaculares en el cielo.

Mi otra nueva actividad, que aunque ya la llevo practicando un tiempo, no había tocado desde hacía unos meses es el diseño de páginas web, cosa que estoy aprendiendo solita, de manera totalmente autodidacta, a base de muchas meteduras de pata y muchas frustraciones. Pero me lo paso tan bien... Estos días he estado dedicada en concreto a dos proyectos diferentes. Proyectos que pertenecen a dos personas muy queridas, a las que uso de conejito de indias para que me dejen practicar mis recién descubiertas dotes de webmaster.

Una es mi querida hermana Chío. Y os lo cuento porque si alguno de los que me leeis estáis en Barcelona y por casualidad estais pensando en que ya es hora de empezar a cuidarse un poco más, o simplemente os apetece ir a clases de yoga, o a clases de danza contact... ahora sabéis que mi hermana es la mejor profesora de yoga que podéis encontrar y que no hay mejor momento para empezar a cuidarse que ahora mismo. Y no es amor de hermana, que lo hay, y mucho, pero realmente estoy convencida de que es una de las mejores profesoras de yoga y danza en el país en estos momentos. Hace unos años logró, con sólo darme una clase privada de yoga desbloquear cierta parte de mi cuerpo y lograr que pudiese tener una flexibilidad que no había tenido desde que era niña. Allá cuando las dos tomábamos clases de ballet juntas. Clases por cierto, impartidas por nuestra querida madre, que en sus tiempos mozos estudiaba en Escuela de Arte de Julliard, en Nueva York. Y es que el arte para mover el esqueleto nos viene de familia.

La otra página web es para mi querida amiga Irene, que lleva años dedicada a un proyecto de cooperación en Africa, concretamente en la ciudad de Mopti, en Mali. Su proyecto se llama Yeredemé Africa. Trabajan a pequeña escala y con asociaciones locales, apoyando iniciativas de la gente del lugar. Hasta ahora han apoyado la creación de cursos de alfabetización para mujeres y niños, centros de salud, guarderías y programas de limpieza de barrios. Así que si encontráis fácil acceso a vuestra vena filantrópica y solidaria, y os apetece aportar un granito de arena para que estos proyectos sigan manteniéndose en funcionamiento, pasaos a hacerles una visita y apoyadlas con una contribución para su causa, por pequeña que sea. Algo que para nosotros supone poco, en Africa puede hacer mucho.

Y por último, aunque no por ello menos importante para mí, confieso con orgullo que estoy aprendiendo a manejar el hacha con un arte que da miedo verme. Y será una tontería, pero en realidad no lo es, porque he sido incapaz de ponerme a ello durante todo este año y por fin lo estoy logrando. Es curiosa la sensación de crecimiento y de fortaleza renovada que se siente cuando se logra superar uno de esos miedos que nos limitan, aunque sea pequeño. Pasar de verme como alguen que no sabe usar un hacha a ser capaz de cortar la leña que nos calienta en casa, es toda una transformación interior.

Esta es otra de esas pequeñas victorias que he tenido que venirme hasta Alaska para lograr. Tantas cosas que he usado para definirme anteriormente están dejando de ser ciertas en Alaska, que el día que me vaya de aquí no me voy a reconocer. Y sé que la transformación solo va a ser para mejor, aunque tenga unas cuantas arrugas más en el rostro.




Y ya que la cosa va hoy de enlaces variados, no puedo olvidarme de agradecer los detalles que han tenido conmigo tanto Ana, como Aprendiza de Risas, y aquí los dejo para lucirlos un ratito. Los que pasais por aquí regularmente, ya sabéis que no sigo las reglas de estos premios, sino simplmente agradezco el detalle y os lo ofrezco de nuevo a todos los que tenéis la valentía de aventuraros hasta Alaska conmigo.


martes, marzo 25

Dos años



"Tambores"
Autor: David
Febrero 2008


Cumpleaaaños feeeliiiiz...


Haaappy biiiirthdaay toooo yoooou...


Haaaappy biiiiirthdaay, dear Naíiiiiiiiim...


Cumpleaaaaaaañooooos feeeeeliiiiiiiiiz



miércoles, marzo 19

Al rescate




"Colores del atardecer"
Aniak, Alaska
Julio 2007


No es infrecuente que por estos lares, los equipos de rescate del pueblo tengan que salir a buscar a gente que se pierde por la tundra o las montañas de alrededor. A los que se quedan tirados con la moto de nieve estropeada o sin gasolina. A los que un temporal sorprende y hace perder la orientación. También a los que, borrachos y con calcetines de algodón, salen sin rumbo dejándose en casa la precaución y el sentido común, amén de esenciales prendas de abrigo imprescindibles en esta época del año.

En Alaska nunca sales al monte sin que alguien sepa exactamente a donde vas. Tampoco es buena idea irse solo a ninguna parte. Una paseo de veinte minutos por el camino de siempre al lado de casa puede convertirse fácilmente en cinco horas de dar vueltas en círculos por un bosque tan caótico que la visibilidad a más de 10 metros es absolutamente nula. Se hace imprescindible salir a cualquier lado con un equipo de supervivencia básico (o no tan básico), ropa de mucho abrigo y un rifle.

En el pueblo contamos con uno de los mejores equipos de servicios médicos de emergencia de la zona. Desde que en 1993 su hijo fuera arrollado por un coche y pasase unas horas tirado en la nieve esperando ayuda, Pete se ha dedicado a crear y mantener un unidad de servicios médicos de emergencia en el pueblo. Son los archiconocidos "Dragon Slayers”.  Han sido reconocidos por el estado de Alaska en varias ocasiones como el mejor equipo de rescate de emergencia del estado. Esta extraordinaria unidad funciona a base de voluntarios y lo que la hace realmente única es que está formada exclusivamente por estudiantes del instituto del pueblo. Aquellos que buscan algo significativo que hacer con sus vidas terminan yendo a Pete y entrenándose con él, primero como "Lizard Killers", para luego graduarse y pasar a ser formalmente "Dragon Slayers". Hubo varios años, incluso, en los que el equipo estuvo formado exclusivamente por mujeres.

Si alguien desaparece en el pueblo, lo primero es ponerse en contacto con Pete lo antes posible. Con su ayuda y la de amigos y familiares, se monta un equipo de rescate al que la policía local aporta avionetas para la búsqueda desde el aire. Los Dragon Slayers están preparados para estar allí en un momento si se hace necesaria la ayuda médica de emergencia.

Esta mañana se ha tenido que formar un equipo de rescate. Ayer por la tarde el jefe de David y otro compañero de trabajo, que también es nuestro amigo más cercano en Aniak, fueron a pescar en el hielo a unos 50 km del pueblo. David no fue con ellos porque nuestra moto de nieve se estropeó dos días antes.

Una llamada angustiada de la mujer del jefe nos alertó de su desaparición a primera hora de la mañana. Un equipo de rescate que incluia dos avionetas estuvo buscándoles por la tundra desde el amanecer. Inmóviles entre la impotencia y la espera, pasamos todo el día pensando en las explicaciones posibles para su desaparición, intentando descifrar un futuro inexistente, y lanzando plegarias al aire para que regresasen sanos y salvos.

Es en momentos así cuando vuelan a la mente hasta los dioses de la infancia, de la mano con todas aquellas otras cosas en la que creemos o queremos creer. Cualquier cosa que nos haga pensar que algo más poderoso está escuchando nuestras peticiones. Por favor, que podamos invitar a Mike a cenar a casa esta misma noche y que nos cuente su aventura entre risas mientras nos tomamos un licor café o un pacharán de sobremesa. Por favor, que Calyvino vuelva a reunirse con su familia y a continuar llevando, aunque sea a trompicones, la organización que tiene a su cargo.

Estaba escribiendo este post para lanzarlo al aire como una plegaria más y según iba a apretar el botón y publicarlo, sonó el teléfono. Los habían encontrado. Se quedaron sin gasolina tras perderse en la tundra por la nevada que les pilló. Estaban bien. Y ni siquiera fueron necesarios los servicios médicos de los Dragon Slayers. Iban lo suficientemente preparados para poder paasar la noche acampados fuera en caso necesario.

Así que ahora, después de la entrañable y graciosísima cena a la que pusimos broche de oro con el rico Pacharán traído por la tía Esther (que nos está visitando y por cierto, se lo está pasando de maravilla), sonrío para dentro y le lanzo un guiño a esos dioses de mi infancia y a todos los demás que me acompañan en este viaje de la vida. Gracias.


martes, marzo 11

Rutina de invierno



"Cisnes de invierno"
Anchorage, Alaska
Diciembre 2007


La vida sigue su curso tranquilo mientras el invierno se alarga interminablemente. El frío ha remitido un poco estos días, así que andamos resbalándonos, todo lo grácilmente que podemos, por las placas de hielo que se han ido formando por todo el pueblo. Los días se están haciendo más largos muy rápidamente. Mientras en Diciembre disfrutábamos de luz sólo cinco horas al día, ahora ya son doce y en otros tres meses, serán más de veinte. Lo peor del invierno ya ha pasado, ahora sólo quedan un par de meses hasta que se derrita toda la nieve y cambie el ritmo de vida.

La rutina invernal se ha vuelto a instalar después de los incidentes post-vacacionales. Y la rutina, en esta vida de maruja y madre en Alaska que vivo últimamente, a veces no da para muchas aventuras. Por eso, ahora más que nunca es imprescindible saber disfrutar de esas cosas pequeñas de la vida. Cositas que bien degustadas, a veces son las más sabrosas.

Tengo mis ratos jugando, riendo, y simplemente estando con mi familia. Delante del fuego, o dando un paseo, compartiendo la aventura de una vida en común y la no menos intensa aventura de ser padres. Y es que un sercillo de casi dos años da para muchas risas, mucha ternura, mucha desesperación, muchas sorpresas y muchas dudas. Todo un universo de emociones y sensaciones que hoy por hoy, no cambio por nada del mundo.



También me quedo con esos paseos diarios en quad hasta correos disfrutando de esa inmensidad de cielo y espacio abierto. Siempre deseando que haya en el buzón algo más que facturas y publicidad. Porque en estos tiempos modernos que corren, cuando incluso en la tundra de Alaska hay internet y ya tan poca gente escribe cartas de puño y letra, una carta o un paquete con chorizo de la tierra y otras viandas exquisitas son siempre motivo de alegrías y celebraciones.



Imprescindibles, como no, esas horas semanales de yoga, ese recogerse hacia dentro, tomando tiempo para realmente sentir el cuerpo y reconectar con lo divino de nuestra humanidad. Por partida doble. En mis clases con mi grupito estupendo de mujeres, y en casa con David, Naím, la Tola y el Randi. Cierto es que en casa me relajo un poco menos, pero también me río un poco más.



Y qué decir de esos intercambio de masajes, de los que tengo la increíble suerte de disfrutar semanalmente. Y como disfruto tanto dándolos como recibiéndolos, el placer se multiplica. Me cuido a mí misma y a la vez cuido de la amiga que me los da a mí, de la vecina que me paga por ellos, y de David porque se lo merece. Y si le añadimos una sauna a posteriori, ya se convierte en insuperable.



No me puedo olvidar de esas artesanías varias que últimamente hago siempre que puedo, y que me ayudan a reconectar con una parte de mi vida pasada, como ya he explicado por ahí. Cierto es que al revolver en el baúl de los recuerdos, no sólo saco lo que quiero sacar, sino también aquello que irremediablemente viene pegado. Viejos dolores, viejas sensaciones y sentimientos que creía olvidados o sanados reaparecen a ratos, recordándome tranquilamente que no hay luz sin oscuridad.



Y finalmente, pero no por ello menos importante, sino todo lo contrario, esos ratos disfrutando en compañía de otras personas. Cenas con algún amigo, de esas que terminan distendidas en el salón con un vino y unas risas. O mis entrañables reuniones con mujeres, que ocupan como mínimo un par de tardes a la semana, si no más y de las que disfruto enormemente. Eso sí, mis mujeres son de lo más variopinto. Y es que aquí, donde vivimos cuatro gatos, es necesario relacionarse con todo tipo de gente, incluso con aquellos con los que no te relacionarías nunca por falta de afinidades. Porque no hay de donde escoger, así que es el sitio ideal para poner en práctica la verdadera tolerancia al prójimo.



Seguramente, David tendría muchas más aventuras que contar de este lugar. Especialmente en invierno, cuando las temperaturas hacen que la calle no sea el mejor sitio para un crío de dos años. David vive aventuras del estilo que uno imagina cuando dice “aventuras en Alaska.” Él se ha recorrido la zona haciéndose cientos de kilometros por la tundra y el río helado, pescando en hielo, avistando lobos, buscando madera, cazando alces, perdiéndose en el bosque, volando sobre el agua abierta tanto con la moto de nieve como en avioneta… Igual algún día se anima a empezar su propio blog o a compartir ocasionalmente el mío…



Yo por lo de pronto, sigo con mis propias aventuras en Alaska, aunque sean de un estilo más “interior.” Siempre procurando disfrutar de todas y cada una de ellas. Y es que quiero marcharme de aquí algún día sabiendo que fui feliz en mi destierro polar.

En el fondo, estas vidas diferentes que llevamos David y yo, son un poco como regresar al origen. A esos tiempos en los que el modo de vida hacía necesaria una clara separación de roles entre los sexos. Las mujeres cuidaban la casa, el huerto y criaban a los hijos. Vivían sus aventuras hacia dentro y entre ellas. Y los hombres exploraban y cazaban. Vivían sus aventuras hacia fuera y entre ellos.

El invierno en Alaska me muestra un ritmo vital diferente. Un ritmo que no tiene nada que ver con la vida que conocía hasta ahora. Un ritmo que no esperaba que me gustase demasiado. Pero, curiosamente, un ritmo que estoy disfrutando y que sí, sí me gusta.


PD: Por cierto, un abrazo enorme y un millón de gracias a Ivana Carina por otorgarme el premio bloguero "Internet vale un Perú" y a De Lirium Soy y a Nadie por darme el premio "Best Blog Darts Thinker." Me gusta que os guste este espacio que he creado aquí fuera (¿o es aquí dentro?) Y como siempre, me salto todas las normas de los premios a la torera.