sábado, mayo 31

Reflejos



"El cielo en la tierra"
Aniak, Alaska
Mayo 2008

Como últimamente hay mucha agua por todas partes, y eso que nos libramos de la temida inundación, estos días es muy gratificante andar por el monte simplemente mirando al suelo. Y no, no es un riachuelo, es un charco en el camino.

Aprovecho para contaros que este domingo a la 1 del mediodía (hora española) me van a entrevistar en directo en el programa Al Sur de la Semana, de la COPE. El programa va sobre gallegos por el mundo, cómo no. Parece que algún reportero dicharachero se encontró con este blog en el ciberespacio y al final me dejé convencer. Eso sí, no prometo mucha lucidez durante la entrevista, habida cuenta de que van a ser mis tres de la mañana.

Viernes

Las 11 y pico de la noche y aún no se ha puesto el sol.



Oye Miriam, que nos vamos a dar una vuelta. ¿Te vienes?



Y nos fuimos en la barca río arriba


a ver el sol de medianoche.

sábado, mayo 10

Ruptura




"Perdido en el hielo"
Aniak, Alaska
9 de Mayo, 2008


Ayer a las 3 de la tarde sonó el teléfono. "Se acaba de romper el río, vamos para allá." Y allá que nos fuimos. La ruptura del río es el acontecimiento primaveral por excelencia en estas tierras. Días antes, la gente anda vigilando el hielo e intentando leer las señales que anuncian el evento. Y en cuanto suena el primer crujido, la voz se corre por el pueblo como la pólvora.


Una vez que empieza, la cosa ya no para. El dique se transforma en el punto de reunión del pueblo. Durante el día todo el pueblo pasea dique arriba, dique abajo y por la "noche" se hacen hogueras y fiestas hasta altas horas de la madrugada.


Mientras el río hace de las suyas, todos andamos pendientes del nivel del hielo. Que si sube. Que si baja. Que si fluye. Que si se para. Es todo un espectáculo. El río cambia constantemente y esos cambios incluyen horas de quietud donde parece que en realidad no pasa nada. Pero cada vez que nos acercamos a ver el río, el paisaje es diferente.


Ahora sólo nos queda seguir vigilando el río para ver si todos esos bloques de hielo que bajan a trompicones terminan atascados en algún meandro río abajo y nos provocan una inundación. Ya hay listas con los teléfonos de emergencia y locales de refugio en el pueblo. La gente ya se prepara para lo peor subiendo a los perros y los vehículos a la parte más alta de sus terrenos, haciendo acopio de víveres que no necesiten de agua para ser preparados, acumulando agua potable en contenedores, y atracando las lanchas a las casas por si ese se convierte en el medio de transporte por unos días. Nosotros lancha no tenemos, asi que entre el kayak y la barca hinchable nos las tendremos que apañar.


En cierto modo, la idea de quedarnos incomunicados por una inundación suena casi hasta emocionante. Pero la verdad es que hoy por hoy, prefiero buscarme emociones por otro lados. Llega un momento en que apetece dejarse de nuevas experiencias y retos constantes, y descansar un rato disfrutando de lo que ya se ha ido convirtiendo en familiar.

Cruzo los dedos y espero a ver qué pasa. En este caso, nada depende de mí.

martes, mayo 6

Agua y Vida



Hasta hace tres días, el frío seguía dominando y los chistes malos sobre el calentamiento global empezaban a aparecer aquí y allá, tomando el lugar que a estas alturas deberían estar ocupando las florecillas silvestres. No en vano hemos tenido el invierno más frío y más largo de los que hay registrados hasta el momento. Estos días en cambio, a casi 10 grados, disfrutamos de lo que seguramente sean los mejores días del año. Y es que, como digo, ya no hace frío porque 10 grados en Alaska es calor, no frío, y las hordas de mosquitos todavía no han hecho su aparición.

En estas últimas semanas, aún con el frío, la vida ya había empezado a tomar ese ritmo frenético que toman aquí los días durante el verano. Las 18 horas de luz que ya tenemos descolocan de tal manera, que cuando te quieres dar cuenta son las 11 de la noche y tú allí metida en culquier berenjenal, con la sensación de que son las siete de la tarde, pero con el cuerpo curiosamente cansado.



Entre los más recientes berenjenales se encuentran el aprendizaje del arte de la construcción en madera y el no menos artístico uso de la sierra eléctrica. Si ya alguno se hacía cruces con el hacha, lo de la sierra eléctrica es casi más terrorífico. De veras. Gracias a los esfuerzos de David y en menos medida a los míos, ahora tenemos un precioso invernadero donde nuestras plantitas salen a tomar el sol durante el día. Me paso horas allí dentro disfrutando del calorcito, y metiendo las manos en la tierra húmeda, transplantando aquellos primeros brotes que comenzaron su andadura encima de la nevera. De momento van creciendo tomateras a mansalva, calabacines, repollos, coliflor, flores diversas, y alguna que otra hierba aromática. Y lo que queda por plantar aún.



Otros berenjenales en cambio, tienen cuatro patas y dos cuernos. Hemos adoptado temporalmente a dos cabritas sin nombre hasta que el río se rompa del todo y su dueño pueda venir a recogerlas en la barca. Lo de la moto de nieve por el río se acabó definitivamente hasta dentro de otros seis meses. Las cabras han aportado una singular nota de color al pueblo. Despiertan al vecindario con sus balidos y son la atracción infantil del pueblo. Naím está completamente fascinado. Y yo, hecha toda una granjera.



Muy de agradecer ha sido también el que haya aparecido, como por arte de magia, un profesor del intituto al que aún no teníamos el placer de conocer. EL hombre nos regaló los dos únicos conciertos en directo que ha vivido Aniak en por lo menos un año. Y casi me aventuraría a decir que en muchos más. Local: la pizzería del pueblo. Aforo: 10 personas, incluyendo la dueña, el artista y su guitarra. Y como me ocurre muchas veces, quien aparece en mi vida lo hace justo antes de desaparecer de nuevo, tal vez para siempre... o no. En tres semanas se va a vivir a una islita en el mar de Bering que en el invierno está a media hora caminando de Siberia. Y es que siendo profesor en Alaska, viajas mucho y a sitios muy remotos. Echaré mucho de menos sus conciertos y las reuniones nocturnas a las que me estaba acostumbrando sin mucha dificultad.

Y mientras la vida sigue fluyendo y se suceden los acontecimientos a un ritmo cada vez más acelerado, el agua comienza también a fluir dramáticamente a nuestro alrededor. Ese medio metro bien largo de nieve compacta que nos rodeaba se derrite a pasos agigantados. Aquí y allá van apareciendo objetos que de no verlos, habían quedado totalmente olvidados durante el invierno, ocultos por el manto ártico.



Después de vivir casi siete meses rodeada de hielo por todas partes, la sensación de volver a escuchar el sonido del agua corriendo libremente es indescriptible. No sé cuantas veces al día me paro a observar su movimiento, serpenteando por el suelo, buscando el punto de menor resistencia para deslizarse sinuosamente hacia abajo, siempre hacia abajo. Volver a sentir de nuevo el agua es como regresar a la vida después de haber hibernado durante la mitad del año. Así es como se deben sentir ahora mismo los osos.



Es por todo esto, que el tiempo que paso dentro de casa últimamente es muy breve y queda reservado exclusivamente a las tareas del hogar. Las relaciones virtuales se resienten y las visitas de los abuelos se resienten. Se resiente el blog y el también el reader que se me llena irremediablemente de palabras... tantas como gotas de agua tengo alrededor en estos momentos.

Quiero agradecer a Nuria el haber dedicado tiempo y esfuerzo a hacerme una entrevista sobre mi vida en Alaska. No es algo que yo haga todos los días, conceder entrevistas desde el Polo, así que ha sido una nueva experiencia. Gracias, Nuria. También agradecerle a Ana e Ivana los detallitos que han tenido conmigo aunque yo haya estado medio desaparecida en el Polo. Soy sincera cuando digo que el invierno se me ha hecho más llevadero gracias a vuestros escritos y a vuestra compañía en mi espacio. No sé cada cuanto tiempo actualizaré ahora que el deshielo ya ha comenzado, pero espero al menos pasarme regularmente a poner alguna que otra imagen, vaya o no acompañada de palabras.