sábado, mayo 10

Ruptura




"Perdido en el hielo"
Aniak, Alaska
9 de Mayo, 2008


Ayer a las 3 de la tarde sonó el teléfono. "Se acaba de romper el río, vamos para allá." Y allá que nos fuimos. La ruptura del río es el acontecimiento primaveral por excelencia en estas tierras. Días antes, la gente anda vigilando el hielo e intentando leer las señales que anuncian el evento. Y en cuanto suena el primer crujido, la voz se corre por el pueblo como la pólvora.


Una vez que empieza, la cosa ya no para. El dique se transforma en el punto de reunión del pueblo. Durante el día todo el pueblo pasea dique arriba, dique abajo y por la "noche" se hacen hogueras y fiestas hasta altas horas de la madrugada.


Mientras el río hace de las suyas, todos andamos pendientes del nivel del hielo. Que si sube. Que si baja. Que si fluye. Que si se para. Es todo un espectáculo. El río cambia constantemente y esos cambios incluyen horas de quietud donde parece que en realidad no pasa nada. Pero cada vez que nos acercamos a ver el río, el paisaje es diferente.


Ahora sólo nos queda seguir vigilando el río para ver si todos esos bloques de hielo que bajan a trompicones terminan atascados en algún meandro río abajo y nos provocan una inundación. Ya hay listas con los teléfonos de emergencia y locales de refugio en el pueblo. La gente ya se prepara para lo peor subiendo a los perros y los vehículos a la parte más alta de sus terrenos, haciendo acopio de víveres que no necesiten de agua para ser preparados, acumulando agua potable en contenedores, y atracando las lanchas a las casas por si ese se convierte en el medio de transporte por unos días. Nosotros lancha no tenemos, asi que entre el kayak y la barca hinchable nos las tendremos que apañar.


En cierto modo, la idea de quedarnos incomunicados por una inundación suena casi hasta emocionante. Pero la verdad es que hoy por hoy, prefiero buscarme emociones por otro lados. Llega un momento en que apetece dejarse de nuevas experiencias y retos constantes, y descansar un rato disfrutando de lo que ya se ha ido convirtiendo en familiar.

Cruzo los dedos y espero a ver qué pasa. En este caso, nada depende de mí.

martes, mayo 6

Agua y Vida



Hasta hace tres días, el frío seguía dominando y los chistes malos sobre el calentamiento global empezaban a aparecer aquí y allá, tomando el lugar que a estas alturas deberían estar ocupando las florecillas silvestres. No en vano hemos tenido el invierno más frío y más largo de los que hay registrados hasta el momento. Estos días en cambio, a casi 10 grados, disfrutamos de lo que seguramente sean los mejores días del año. Y es que, como digo, ya no hace frío porque 10 grados en Alaska es calor, no frío, y las hordas de mosquitos todavía no han hecho su aparición.

En estas últimas semanas, aún con el frío, la vida ya había empezado a tomar ese ritmo frenético que toman aquí los días durante el verano. Las 18 horas de luz que ya tenemos descolocan de tal manera, que cuando te quieres dar cuenta son las 11 de la noche y tú allí metida en culquier berenjenal, con la sensación de que son las siete de la tarde, pero con el cuerpo curiosamente cansado.



Entre los más recientes berenjenales se encuentran el aprendizaje del arte de la construcción en madera y el no menos artístico uso de la sierra eléctrica. Si ya alguno se hacía cruces con el hacha, lo de la sierra eléctrica es casi más terrorífico. De veras. Gracias a los esfuerzos de David y en menos medida a los míos, ahora tenemos un precioso invernadero donde nuestras plantitas salen a tomar el sol durante el día. Me paso horas allí dentro disfrutando del calorcito, y metiendo las manos en la tierra húmeda, transplantando aquellos primeros brotes que comenzaron su andadura encima de la nevera. De momento van creciendo tomateras a mansalva, calabacines, repollos, coliflor, flores diversas, y alguna que otra hierba aromática. Y lo que queda por plantar aún.



Otros berenjenales en cambio, tienen cuatro patas y dos cuernos. Hemos adoptado temporalmente a dos cabritas sin nombre hasta que el río se rompa del todo y su dueño pueda venir a recogerlas en la barca. Lo de la moto de nieve por el río se acabó definitivamente hasta dentro de otros seis meses. Las cabras han aportado una singular nota de color al pueblo. Despiertan al vecindario con sus balidos y son la atracción infantil del pueblo. Naím está completamente fascinado. Y yo, hecha toda una granjera.



Muy de agradecer ha sido también el que haya aparecido, como por arte de magia, un profesor del intituto al que aún no teníamos el placer de conocer. EL hombre nos regaló los dos únicos conciertos en directo que ha vivido Aniak en por lo menos un año. Y casi me aventuraría a decir que en muchos más. Local: la pizzería del pueblo. Aforo: 10 personas, incluyendo la dueña, el artista y su guitarra. Y como me ocurre muchas veces, quien aparece en mi vida lo hace justo antes de desaparecer de nuevo, tal vez para siempre... o no. En tres semanas se va a vivir a una islita en el mar de Bering que en el invierno está a media hora caminando de Siberia. Y es que siendo profesor en Alaska, viajas mucho y a sitios muy remotos. Echaré mucho de menos sus conciertos y las reuniones nocturnas a las que me estaba acostumbrando sin mucha dificultad.

Y mientras la vida sigue fluyendo y se suceden los acontecimientos a un ritmo cada vez más acelerado, el agua comienza también a fluir dramáticamente a nuestro alrededor. Ese medio metro bien largo de nieve compacta que nos rodeaba se derrite a pasos agigantados. Aquí y allá van apareciendo objetos que de no verlos, habían quedado totalmente olvidados durante el invierno, ocultos por el manto ártico.



Después de vivir casi siete meses rodeada de hielo por todas partes, la sensación de volver a escuchar el sonido del agua corriendo libremente es indescriptible. No sé cuantas veces al día me paro a observar su movimiento, serpenteando por el suelo, buscando el punto de menor resistencia para deslizarse sinuosamente hacia abajo, siempre hacia abajo. Volver a sentir de nuevo el agua es como regresar a la vida después de haber hibernado durante la mitad del año. Así es como se deben sentir ahora mismo los osos.



Es por todo esto, que el tiempo que paso dentro de casa últimamente es muy breve y queda reservado exclusivamente a las tareas del hogar. Las relaciones virtuales se resienten y las visitas de los abuelos se resienten. Se resiente el blog y el también el reader que se me llena irremediablemente de palabras... tantas como gotas de agua tengo alrededor en estos momentos.

Quiero agradecer a Nuria el haber dedicado tiempo y esfuerzo a hacerme una entrevista sobre mi vida en Alaska. No es algo que yo haga todos los días, conceder entrevistas desde el Polo, así que ha sido una nueva experiencia. Gracias, Nuria. También agradecerle a Ana e Ivana los detallitos que han tenido conmigo aunque yo haya estado medio desaparecida en el Polo. Soy sincera cuando digo que el invierno se me ha hecho más llevadero gracias a vuestros escritos y a vuestra compañía en mi espacio. No sé cada cuanto tiempo actualizaré ahora que el deshielo ya ha comenzado, pero espero al menos pasarme regularmente a poner alguna que otra imagen, vaya o no acompañada de palabras.

miércoles, abril 9

¿ Primavera ?


Autorretrato, 1999


La primavera nos anda vacilando. Así, tan alegremente, como si no se diese cuenta de que ya está bien, que estamos casi a mediados de Abril, que ya es hora de que se instale en estas latitudes y haga sus cositas propias de esta estación. A saber: derretir nieve, inundar pueblos, y descongelar las larvas de los mosquitos, que por cierto son el pájaro oficial del estado de Alaska, por si no lo sabíais. Luego y en dos semanitas, ya a punto de terminar su cometido primaveral, hacer brotar todas las hojas de los árboles, conseguir que la hierba crezca aproximadamente un metro, y esparcir florecillas silvestres aquí y allá para darle una nota de color a tanto verdor.

Parecía que todo iba a comenzar la semana pasada. Las temperaturas subieron hasta 8 grados sobre cero y la nieve comenzó a derretirse rápidamente. Claro, que teniendo en cuenta que hay una capa de entre medio metro y un metro de nieve apelmazada que nos separa del suelo y sobre la que hemos estado viviendo estos últimos meses, lo de "rápidamente" es más bien una licencia poética. Por no decir una soberana tontería. En realidad lo que se van creando son unos huecos, traicioneros e invisibles, en la nieve. Huecos en los que caes de repente y sin previo aviso cuando vas tranquilamente caminando a por leña al galpón. Conducir hasta correos se convierte en toda una aventura que transcurre lentamente sobre un amasijo de nieve y agua de profundidad indescifrable a simple vista. Sobre el río empiezan a aparecer inmensos charcos de agua y la autopista de hielo ya se ha cerrado oficialmente. Ahora cada uno viaja por ella por su propia cuenta y riesgo. Los que se atreven, esto es.

Pero finalmente todo se quedó en una tomadura de pelo y hemos vuelto a amanecer a 20 grados bajo cero toda esta semana. Y para mayor deleite mosquitero, no ha parado de nevar. Con lo cual contamos con al menos otros 30 o 40 cm de nieve más a añadir a todo lo que aún queda por derretir. Dicen los enterados que este verano va a ser fino.

Así que mientras la primavera se decide a aparecer, la vida sigue su curso. Y a las actividades de rutina, se han sumado en estos días unas cuantas nuevas.

Tenemos por un lado la jardinería, actividad que dentro de unas cuantas semanitas, se podrá ejercitar fácilmente a medianoche. Esto la convierte en un tratamiento ideal contra los problemas de insomnio por sus efectos relajantes. De momento, y a la espera de tan relajante entretenimiento nocturno, estamos empezando a montar el huerto dentro de casa. Plantando semillas en plantones colocados encima de la nevera, que es el único sitio de la casa donde hay algo de espacio y Naím y Randi no llegan. Con suerte nos dará tiempo a construir un invernadero ante de que comience la temporada. Aquí las huertas no crecen como en cualquier otro lugar del mundo. La estación de crecimiento va del 1 de Junio a como mucho el 30 de Septiembre. Nada se planta en la tierra antes de Junio por la simple razón de que no ves la tierra, y de todos modos si la vieras, estaría completamente congelada. Hay tantísima luz todo el día que las plantas crecen muy rápidamente. En estas latitudes a finales de Junio debemos tener unas 20 horas al día de luz directa. Las otras cuatro horas son una mezcla de atardecer y amanecer donde a vece reinan unos colores espectaculares en el cielo.

Mi otra nueva actividad, que aunque ya la llevo practicando un tiempo, no había tocado desde hacía unos meses es el diseño de páginas web, cosa que estoy aprendiendo solita, de manera totalmente autodidacta, a base de muchas meteduras de pata y muchas frustraciones. Pero me lo paso tan bien... Estos días he estado dedicada en concreto a dos proyectos diferentes. Proyectos que pertenecen a dos personas muy queridas, a las que uso de conejito de indias para que me dejen practicar mis recién descubiertas dotes de webmaster.

Una es mi querida hermana Chío. Y os lo cuento porque si alguno de los que me leeis estáis en Barcelona y por casualidad estais pensando en que ya es hora de empezar a cuidarse un poco más, o simplemente os apetece ir a clases de yoga, o a clases de danza contact... ahora sabéis que mi hermana es la mejor profesora de yoga que podéis encontrar y que no hay mejor momento para empezar a cuidarse que ahora mismo. Y no es amor de hermana, que lo hay, y mucho, pero realmente estoy convencida de que es una de las mejores profesoras de yoga y danza en el país en estos momentos. Hace unos años logró, con sólo darme una clase privada de yoga desbloquear cierta parte de mi cuerpo y lograr que pudiese tener una flexibilidad que no había tenido desde que era niña. Allá cuando las dos tomábamos clases de ballet juntas. Clases por cierto, impartidas por nuestra querida madre, que en sus tiempos mozos estudiaba en Escuela de Arte de Julliard, en Nueva York. Y es que el arte para mover el esqueleto nos viene de familia.

La otra página web es para mi querida amiga Irene, que lleva años dedicada a un proyecto de cooperación en Africa, concretamente en la ciudad de Mopti, en Mali. Su proyecto se llama Yeredemé Africa. Trabajan a pequeña escala y con asociaciones locales, apoyando iniciativas de la gente del lugar. Hasta ahora han apoyado la creación de cursos de alfabetización para mujeres y niños, centros de salud, guarderías y programas de limpieza de barrios. Así que si encontráis fácil acceso a vuestra vena filantrópica y solidaria, y os apetece aportar un granito de arena para que estos proyectos sigan manteniéndose en funcionamiento, pasaos a hacerles una visita y apoyadlas con una contribución para su causa, por pequeña que sea. Algo que para nosotros supone poco, en Africa puede hacer mucho.

Y por último, aunque no por ello menos importante para mí, confieso con orgullo que estoy aprendiendo a manejar el hacha con un arte que da miedo verme. Y será una tontería, pero en realidad no lo es, porque he sido incapaz de ponerme a ello durante todo este año y por fin lo estoy logrando. Es curiosa la sensación de crecimiento y de fortaleza renovada que se siente cuando se logra superar uno de esos miedos que nos limitan, aunque sea pequeño. Pasar de verme como alguen que no sabe usar un hacha a ser capaz de cortar la leña que nos calienta en casa, es toda una transformación interior.

Esta es otra de esas pequeñas victorias que he tenido que venirme hasta Alaska para lograr. Tantas cosas que he usado para definirme anteriormente están dejando de ser ciertas en Alaska, que el día que me vaya de aquí no me voy a reconocer. Y sé que la transformación solo va a ser para mejor, aunque tenga unas cuantas arrugas más en el rostro.




Y ya que la cosa va hoy de enlaces variados, no puedo olvidarme de agradecer los detalles que han tenido conmigo tanto Ana, como Aprendiza de Risas, y aquí los dejo para lucirlos un ratito. Los que pasais por aquí regularmente, ya sabéis que no sigo las reglas de estos premios, sino simplmente agradezco el detalle y os lo ofrezco de nuevo a todos los que tenéis la valentía de aventuraros hasta Alaska conmigo.


martes, marzo 25

Dos años



"Tambores"
Autor: David
Febrero 2008


Cumpleaaaños feeeliiiiz...


Haaappy biiiirthdaay toooo yoooou...


Haaaappy biiiiirthdaay, dear Naíiiiiiiiim...


Cumpleaaaaaaañooooos feeeeeliiiiiiiiiz



miércoles, marzo 19

Al rescate



"Colores del atardecer"
Aniak, Alaska
Julio 2007


No es infrecuente que por estos lares, los equipos de rescate del pueblo tengan que salir a buscar a gente que se pierde por la tundra o las montañas de alrededor. A los que se quedan tirados con la moto de nieve estropeada o sin gasolina. A los que un temporal sorprende y hace perder la orientación. También a los que, borrachos y con calcetines de algodón, salen sin rumbo dejándose en casa la precaución y el sentido común, amén de esenciales prendas de abrigo imprescindibles en esta época del año.

En Alaska nunca sales al monte sin que alguien sepa exactamente a donde vas. Tampoco es buena idea irse solo a ninguna parte. Una paseo de veinte minutos por el camino de siempre al lado de casa puede convertirse fácilmente en cinco horas de dar vueltas en círculos por un bosque tan caótico que la visibilidad a más de 10 metros es absolutamente nula. Se hace imprescindible salir a cualquier lado con un equipo de supervivencia básico (o no tan básico), ropa de mucho abrigo y un rifle.

En el pueblo contamos con uno de los mejores equipos de servicios médicos de emergencia de la zona. Desde que en 1993 su hijo fuera arrollado por un coche y pasase una hora tirado en la nieve esparando ayuda, Pete se ha dedicado a crear y mantener un unidad de servicios médicos de emergencia en el pueblo. Son los archiconocidos "Dragon Slayers." Han sido reconocidos por el estado de Alaska en varias ocasiones como el mejor equipo de rescate de emergencia del estado. Esta extraordinaria unidad funciona a base de voluntarios y lo que la hace realmente única es que está formada exclusivamente por estudiantes del instituto del pueblo. Aquellos que buscan algo significativo que hacer con sus vidas terminan yendo a Pete y entrenándose con él, primero como "Lizard Killers", para luego graduarse y pasar a ser formalmente "Dragon Slayers". Hubo varios años, incluso, en los que el equipo estuvo formado exclusivamente por mujeres.

Si alguien desaparece en el pueblo, lo primero es ponerse en contacto con Pete lo antes posible. Con su ayuda y la de amigos y familiares, se monta un equipo de rescate al que la policía local aporta avionetas para la búsqueda desde el aire. Los Dragon Slayers están preparados para estar allí en un momento si se hace necesaria la ayuda médica de emergencia.

Esta mañana se ha tenido que formar un equipo de rescate. Ayer por la tarde el jefe de David y otro compañero de trabajo, que también es nuestro amigo más cercano en Aniak, fueron a pescar en el hielo a unos 50 km del pueblo. David no fue con ellos porque nuestra moto de nieve se estropeó dos días antes.

Una llamada angustiada de la mujer del jefe nos alertó de su desaparición a primera hora de la mañana. Un equipo de rescate que incluia dos avionetas estuvo buscándoles por la tundra desde el amanecer. Inmóviles entre la impotencia y la espera, pasamos todo el día pensando en las explicaciones posibles para su desaparición, intentando descifrar un futuro inexistente, y lanzando plegarias al aire para que regresasen sanos y salvos.

Es en momentos así cuando vuelan a la mente hasta los dioses de la infancia, de la mano con todas aquellas otras cosas en la que creemos o queremos creer. Cualquier cosa que nos haga pensar que algo más poderoso está escuchando nuestras peticiones. Por favor, que podamos invitar a Mike a cenar a casa esta misma noche y que nos cuente su aventura entre risas mientras nos tomamos un licor café o un pacharán de sobremesa. Por favor, que Calyvino vuelva a reunirse con su familia y a continuar llevando, aunque sea a trompicones, la organización que tiene a su cargo.

Estaba escribiendo este post para lanzarlo al aire como una plegaria más y según iba a apretar el botón y publicarlo, sonó el teléfono. Los habían encontrado. Se quedaron sin gasolina tras perderse en la tundra por la nevada que les pilló. Estaban bien. Y ni siquiera fueron necesarios los servicios médicos de los Dragon Slayers. Iban lo suficientemente preparados para poder paasar la noche acampados fuera en caso necesario.

Así que ahora, después de la entrañable y graciosísima cena a la que pusimos broche de oro con el rico Pacharán traído por la tía Esther (que nos está visitando y por cierto, se lo está pasando de maravilla), sonrío para dentro y le lanzo un guiño a esos dioses de mi infancia y a todos los demás que me acompañan en este viaje de la vida. Gracias.



Por cierto, gracias también a Rayco por darle otro reconocimiento más a las crónicas polares de esta chica de provincias :) Se agradece el detalle y el cariño.

martes, marzo 11

Rutina de invierno



"Cisnes de invierno"
Anchorage, Alaska
Diciembre 2007


La vida sigue su curso tranquilo mientras el invierno se alarga interminablemente. El frío ha remitido un poco estos días, así que andamos resbalándonos, todo lo grácilmente que podemos, por las placas de hielo que se han ido formando por todo el pueblo. Los días se están haciendo más largos muy rápidamente. Mientras en Diciembre disfrutábamos de luz sólo cinco horas al día, ahora ya son doce y en otros tres meses, serán más de veinte. Lo peor del invierno ya ha pasado, ahora sólo quedan un par de meses hasta que se derrita toda la nieve y cambie el ritmo de vida.

La rutina invernal se ha vuelto a instalar después de los incidentes post-vacacionales. Y la rutina, en esta vida de maruja y madre en Alaska que vivo últimamente, a veces no da para muchas aventuras. Por eso, ahora más que nunca es imprescindible saber disfrutar de esas cosas pequeñas de la vida. Cositas que bien degustadas, a veces son las más sabrosas.

Tengo mis ratos jugando, riendo, y simplemente estando con mi familia. Delante del fuego, o dando un paseo, compartiendo la aventura de una vida en común y la no menos intensa aventura de ser padres. Y es que un sercillo de casi dos años da para muchas risas, mucha ternura, mucha desesperación, muchas sorpresas y muchas dudas. Todo un universo de emociones y sensaciones que hoy por hoy, no cambio por nada del mundo.



También me quedo con esos paseos diarios en quad hasta correos disfrutando de esa inmensidad de cielo y espacio abierto. Siempre deseando que haya en el buzón algo más que facturas y publicidad. Porque en estos tiempos modernos que corren, cuando incluso en la tundra de Alaska hay internet y ya tan poca gente escribe cartas de puño y letra, una carta o un paquete con chorizo de la tierra y otras viandas exquisitas son siempre motivo de alegrías y celebraciones.



Imprescindibles, como no, esas horas semanales de yoga, ese recogerse hacia dentro, tomando tiempo para realmente sentir el cuerpo y reconectar con lo divino de nuestra humanidad. Por partida doble. En mis clases con mi grupito estupendo de mujeres, y en casa con David, Naím, la Tola y el Randi. Cierto es que en casa me relajo un poco menos, pero también me río un poco más.



Y qué decir de esos intercambio de masajes, de los que tengo la increíble suerte de disfrutar semanalmente. Y como disfruto tanto dándolos como recibiéndolos, el placer se multiplica. Me cuido a mí misma y a la vez cuido de la amiga que me los da a mí, de la vecina que me paga por ellos, y de David porque se lo merece. Y si le añadimos una sauna a posteriori, ya se convierte en insuperable.



No me puedo olvidar de esas artesanías varias que últimamente hago siempre que puedo, y que me ayudan a reconectar con una parte de mi vida pasada, como ya he explicado por ahí. Cierto es que al revolver en el baúl de los recuerdos, no sólo saco lo que quiero sacar, sino también aquello que irremediablemente viene pegado. Viejos dolores, viejas sensaciones y sentimientos que creía olvidados o sanados reaparecen a ratos, recordándome tranquilamente que no hay luz sin oscuridad.



Y finalmente, pero no por ello menos importante, sino todo lo contrario, esos ratos disfrutando en compañía de otras personas. Cenas con algún amigo, de esas que terminan distendidas en el salón con un vino y unas risas. O mis entrañables reuniones con mujeres, que ocupan como mínimo un par de tardes a la semana, si no más y de las que disfruto enormemente. Eso sí, mis mujeres son de lo más variopinto. Y es que aquí, donde vivimos cuatro gatos, es necesario relacionarse con todo tipo de gente, incluso con aquellos con los que no te relacionarías nunca por falta de afinidades. Porque no hay de donde escoger, así que es el sitio ideal para poner en práctica la verdadera tolerancia al prójimo.



Seguramente, David tendría muchas más aventuras que contar de este lugar. Especialmente en invierno, cuando las temperaturas hacen que la calle no sea el mejor sitio para un crío de dos años. David vive aventuras del estilo que uno imagina cuando dice “aventuras en Alaska.” Él se ha recorrido la zona haciéndose cientos de kilometros por la tundra y el río helado, pescando en hielo, avistando lobos, buscando madera, cazando alces, perdiéndose en el bosque, volando sobre el agua abierta tanto con la moto de nieve como en avioneta… Igual algún día se anima a empezar su propio blog o a compartir ocasionalmente el mío…



Yo por lo de pronto, sigo con mis propias aventuras en Alaska, aunque sean de un estilo más “interior.” Siempre procurando disfrutar de todas y cada una de ellas. Y es que quiero marcharme de aquí algún día sabiendo que fui feliz en mi destierro polar.

En el fondo, estas vidas diferentes que llevamos David y yo, son un poco como regresar al origen. A esos tiempos en los que el modo de vida hacía necesaria una clara separación de roles entre los sexos. Las mujeres cuidaban la casa, el huerto y criaban a los hijos. Vivían sus aventuras hacia dentro y entre ellas. Y los hombres exploraban y cazaban. Vivían sus aventuras hacia fuera y entre ellos.

El invierno en Alaska me muestra un ritmo vital diferente. Un ritmo que no tiene nada que ver con la vida que conocía hasta ahora. Un ritmo que no esperaba que me gustase demasiado. Pero, curiosamente, un ritmo que estoy disfrutando y que sí, sí me gusta.


PD: Por cierto, un abrazo enorme y un millón de gracias a Ivana Carina por otorgarme el premio bloguero "Internet vale un Perú" y a De Lirium Soy y a Nadie por darme el premio "Best Blog Darts Thinker." Me gusta que os guste este espacio que he creado aquí fuera (¿o es aquí dentro?) Y como siempre, me salto todas las normas de los premios a la torera.

miércoles, febrero 27

De la gente y sus historias



"Stop"
Aniak, Alaska
Enero 2008


Llevo unos días sentándome a escribir y sintiéndome bloqueada. Entre otras cosas estuve un poco confundida, sin saber muy bien para quién o para qué estaba escribiendo. Fue necesario retroceder hasta mi primer post para recordar que mi intención inicial al abrir el blog había sido la de intentar aprender a amar este lugar al que la vida, en uno de sus insondables toques de gracia, me había trasplantado.

Cuando llegamos aquí hace aproximadamente un año, una de las cosas que más nos llamaron la atención desde el primer momento, fue la cantidad de tiempo que dedican al día una gran parte de los kass’aqs del pueblo (esos somos nosotros, los blancos) a criticar a los nativos de la zona. Los acusan de borrachos, violadores, vagos, maltratadores, jugadores… Pueden pasarse horas simplemente poniéndolos verdes y parecen disfrutar con ello. Lo más triste de todo, es que a un gran porcentaje de la población nativa, estos adjetivos les sientan como anillo al dedo.

De los nativos en cambio, nos impactó esa forma de mirar sin verte, con la que hacen obvia su total falta de interés en tu persona. Ellos, a su vez, también pasan sus buenos ratos poniendo verdes a los kass'aqs y culpándonos de todos sus males. Nada sorprendente, por otro lado. No creo que haga falta recordarle a nadie la fama que nos hemos currado por el mundo adelante los kass’aqs. Pero sí es cierto de que en ocasiones, sus razonamientos son sorprendente y casi me atrevería a decir que hasta graciosos, si las consecuencias que emanan de culpar al otro y no tomar responsabilidad personal no fuesen tan dramáticas.

He estado leyendo un librito escrito por un tal Harold Napoleon (nombre curioso para un nativo Yup’ik donde los haya). El libro se titula “Yuuyaraq: The Way of the Human Being.” Harold es un hombre que durante los cinco años que pasó en la cárcel por haber matado a su propio hijo una noche de borrachera, consiguió unir bastantes de las piezas que forman el rompecabezas de esta sociedad traumatizada que son los Nativos de Alaska.

Una mezcla de hechos históricos traumáticos y respuestas emocionales a esos traumas han conformado la sociedad nativa de Alaska de hoy en día. Hechos como las epidemias de principios del siglo XX que diezmaron la población, reduciéndola en un 60%; la posterior educación de los niños nativos a manos de misioneros cristianos en colegios e internados donde se les prohibía hablar Yup’ik y se les enseñaba que sus rituales espirituales tradicionales eran satánicos; y la firma del Alaska Native Claims Settlement Act, por el cual en 1971 el gobierno de EEUU compró a los nativos el derecho de uso de sus tierras aborígenes, donde coincidentemente habían encontrado petróleo a espuertas, son tres grandes ejemplos de pérdidas traumáticas que ha sufrido este pueblo a lo largo del siglo pasado. Pérdida de familias y aldeas enteras, de su cultura y su espiritualidad, y de gran parte de sus tierras. Pérdidas que dieron como resultado una generación traumatizada, avergonzada de sus orígenes y de sí mismos, y que acarreaba un gran sentimiento de culpa.

Todo trauma trae consigo una gran marea de sentimientos (tristeza, miedo, culpa, vergüenza, inseguridad, falta de motivación...). Si a estos sentimientos post-traumáticos se une el silencio, aparece como resultado tanto la transformación de dichos sentimientos en una agresividad internalizada, como su repetición automática de generación en generación. Los Yup’ik son gente callada, sin costumbre de hablar de sentimientos ni de las cosas malas que han ocurrido. Aún hoy en día, los ancianos recomiendan a los jóvenes “nallunguarluku,” o sea, que pretendan que no ha pasado nada.

Si al trauma sufrido en silencio se le añade alcohol y drogas como vía de evasión de la realidad, esa agresividad internalizada termina expresándose sin control, normalmente hacia aquellos que están más cerca. Si además tenemos en cuenta la existencia de aproximadamente un 90% de paro, muy pocos recursos laborales en la zona, y las necesidades básicas cubiertas por el estado, nos encontramos que a todo lo anterior se unen la desesperanza, la desidia, y la falta de iniciativa.

Es obvio que estoy hablando en términos generales, y que hay nativos con ganas de que su pueblo salga del hoyo en el que se encuentra y luchando por conseguirlo. Pero también es cierto que la Alaska rural tiene uno de los mayores porcentajes de suicidio de todo el país; que sufre un problema de alcoholismo que ha llevado a muchas aldeas a votar a favor del establecimiento de la ley seca total o parcial (en Aniak, por ejemplo, hay una ley parcial, se puede consumir alcohol, pero en el pueblo no se vende); y que la violencia doméstica, el maltrato y el abandono infantil, los abusos sexuales, el embarazo adolescente, y el paro están a la orden del día.

Han sido víctimas. Víctimas de desastres naturales, de pérdidas devastadoras, de alcoholismo y drogadicción, de violencia y abusos… de traumas que vienen de lejos y que se mantienen vivos con la ayuda del silencio y el alcohol. Durante generaciones unas víctimas han reemplazado a otras, el abusado se convierte a su vez en abusador, mientras sigue siendo víctima de otros a la vez que de sí mismo. Es un círculo de abuso que da mil y una vueltas enmarañándolo todo.

Después de trabajar durante diez años con una gran cantidad de víctimas de todo tipo, intentando ayudarles a salir del hoyo y encontrar la dignidad y la autoestima que habían perdido por el camino, soy capaz de entender y reconocer el ciclo de abuso. Y por eso mismo también soy consciente de que abusador y víctima son dos caras de la misma moneda y que es importante y necesario culpar a los culpables en voz alta y quejarse de los abusos que uno ha sufrido. Pero también es importante y necesario que la víctima sea capaz de salirse de su papel de víctima y pueda reconocer claramente su contribución a la dinámica del abuso, responsabilizarse de sus propias acciones y tomar parte activa en el proceso de cambio. Sólo entonces será realmente posible la sanación.

La cultura tradicional Yup’ik merece mi más profunda admiración. Es un pueblo fuerte, que ha sobrevivido durante siglos en las condiciones climáticas más adversas, en comunión profunda con la naturaleza. Esa cultura se basaba en un gran respeto a los ancianos y la espiritualidad impregnaba todos los aspectos de su vida. Pero esa cultura, como tal, ya no existe.

Hoy en día, las nuevas generaciones no respetan ni a su abuela, se roban, violan y matan unos a otros, y serían incapaces de vivir sin su televisión, su consola, su moto de nieve, su quad, y su calefacción de petróleo, todo ello subvencionado de un modo u otro por el estado. No tienen mi respeto ni mi aprobación, aunque sí mi comprensión.

Estos días no ha sido fácil encontrarle el lado amable a este pueblo. He tenido la desgracia, o la suerte, según se mire, de verle realmente las tripas a esta esquinita del mundo. Viejas rencillas ya podridas entre familias de la zona… manipulaciones descaradas de información para beneficio de unos y probable detrimento de otros… el racismo devastador que impera en la zona...

Dentro de todo lo malo, ha sido hermoso constatar que alguna gente todavía conserva el sentido común tanto en la cabeza como en el alma. Un puñado de ellos han sabido demostrar que han logrado conservar (o rescatar) la sabiduría que proporciona el contacto íntimo con una espiritualidad ancestral. Ha sido un puñado tristemente pequeño, pero existente al fin y al cabo... Y de ahí es del único lugar posible del que emana la esperanza.


"It is time we bury the old culture, mourn those who died with it, mourn with those who survived it... We have been wandering in a daze for the last 100 years... Now we have to stop, look at ourselves, and... press on together, free of the past that haunted us... free to become what we were intended to be by God."

Harold Napoleon




((Si alguno ha leído hasta aquí, enhorabuena. Hoy se me ha ido un poco la mano, pero es que tenía este post atravesado como una espina en la garganta.))

martes, febrero 26

Uy!




Para aquellos que hayais tenido la desgracia de recibir en vuestros feeds el batiburrillo de palabras sueltas y mal escritas, y retazos inconexos de pensamiento que se me han escapado al espacio sideral sin saber cómo ni porqué, os va una disculpa.

Parece que va a ser mejor que los borradores los escriba en otro lado...

Y la ansiedad que me ha entrado, diosmiodemivida... pánico escénico total!!!!!!!!

Si es que esto de la fama no da más que disgustos :)

lunes, febrero 18

Arte... sana...




"Dunas"
Aniak, Alaska
Febrero 2008


Hoy ha comenzado un veranillo invernal. De esos que allá son propiedad de San Martín y acá creo que no los rige santo alguno. Hemos alcanzado cuatro grados. Sobre cero, sí, sobre cero. Estupendo para estar fuera y poder por fin disfrutar, que no sufrir, el aire frío en la cara.

Ya nos tocará protestar este calor dentro de unos días, cuando ese metro y pico de nieve que ahora se derrite tan alegremente, vaya generando una capa de hielo que irá haciéndose más gruesa a medida que las temperaturas bailen de uno a otro lado del cero. El pueblo se transformará durante unos días en una inmensa pista de patinaje, hasta que vuelva a nevar de nuevo. Es una pena no haber aprendido a patinar sobre hielo cuando era niña. Lo bien que me vendría ahora.

La gente en el pueblo ya está empezando a hablar de lo que será el deshielo dentro de un par de meses, con tanta nieve que hay. Barrizales tremendos e inundaciones más que probables. Y como en tierra de tundra, agua estancada = mosquitos, podemos estar casi seguros de que habrá muchos, muchos mosquitos. Creo que aún no me hago a la idea de la cantidad de mosquitos que puede llegar haber en este pueblo. Yo que el año pasado ya pensaba que había demasiados. Y la gente que se reía y decía que era el verano con menos mosquitos de los últimos cien años.

Pero bueno, ya llegará el verano y ya nos vestiremos con mosquiteras en la cabeza cuando nos toque el turno. Y es que yo hoy no venía a hablar del tiempo.

Con el frío y la oscuridad que imperan por estos lares durante los meses invernales, es imposible no pasar mucho tiempo dentro de casa. Dentro de la tuya o de la de la vecina, pero dentro. Antaño, durante el invierno, las familias dedicaban muchas horas al día a contarse historias los unos a los otros, a través de la palabra o la danza. Hoy en día, con las prácticas tradicionales tan en desuso, es la tele quien cuenta la mayoría de las historias, pero algunos todavía siguen buscando reunirse para pasar el rato, compartir conocimientos varios y de paso mantener vivas algunas tradiciones a través de la artesanía.

Mi aportación a la lucha contra el letargo invernal fueron clases de yoga gratuitas. No soy profesora ni nada, pero con la inestimable ayuda de mis yoguis favoritas desde el otro lado de esta pantalla y mi propia experiencia con el yoga y la danza durante bastantes años, logré montar unas clasecillas que ofrezco todos los lunes por la tarde. Eso sí, mientras no baje el termómetro de 30 bajo cero, que no me enciende el quad. Gracias a estas clases, empecé a hacerme amiga de la mujer que lleva la oficina de correos en el pueblo. Es india, de la tribu Athabascan que son los que viven por aquí junto a los esquimales Yup'ik. Muy maja, en verdad, de la gente más maja del pueblo.

Esta mujer me vió un día pasando apuros mientras le cosía unos guantes de piel a mi hijo. Por lo visto estaba cosiendo la piel a contrapelo, así que me dijo que algún día me enseñaría a hacerlo a la manera tradicional, como agradecimiento por las clases de yoga, a las que viene siempre que puede. Esta mujer es toda una artista. Hace unos trabajos de artesanía preciosos. Fabrica especialmente prendas de abrigo que llevan haciéndose en su familia durante generaciones. Gorros, guantes, mocasines y mukluks, las típicas botas esquimales. Usa fundamentalmente pieles y huesos de los animales de la zona, además de los típicos abalorios universales. Sí, esas bolitas minúsculas que sirven para hacer todo tipo de ornamentos, y que curiosamente usan la gran parte de las etnias del planeta para fabricar artesanía, desde los Maasai de Kenia, hasta los Yup'ik de Alaska, pasando, como no, por los hippies del Rastro.

Hoy me volvió a hablar del tema, así que mañana por la tarde me reuniré con ella y un par de mujeres más, y pasaré un par de horas reconectando con viejas aficciones que tenía medio olvidadas. Y es que yo hace muchos años me pasaba horas haciendo bolsos, carteras, y todo tipo de cosas en cuero. Me encantaba todo lo que fuese trabajar con mis manos y crear cosas hermosas.

En estos últimos meses estoy logrando despertar mi lado creativo de nuevo: retomando la fotografía y el trabajo artesanal con piel, iniciándome de manera totalmente autodidacta en la escritura a través de este blog, y estirando y fortaleciendo mi cuerpo de manera regular gracias al yoga (que es lo más parecido a bailar que hecho en un tiempo).

En cierto modo esta temporada en Alaska está siendo como una vuelta atrás. Un paseo a modo de repaso de vida que me está dando la oportunidad de rescatar aquellas cosas que durante los años me han hecho sentir viva y que se me habían quedado olvidadas aquí y allá por el camino. A la vez, una vuelta a los orígenes, al contacto con la naturaleza, a aquellos tiempos en que no te quedaba otro remedio que ser lo más autosuficiente posible. Tiempos en los que cazabas tu alimento, te fabricabas tu propia ropa, y hacías tú mismo el pan, la pasta, la mermelada, y tantas otras delicias culinarias que hoy simplemente se compran en la tienda.

A veces, tomarse un tiempo para echar la vista atrás y rescatar según qué cosas, ayuda a seguir hacia delante con más fuerza y alegría de vivir. Si en Aniak además hubiese caballos, ya es que sería imparable.

martes, febrero 12

Frío... mucho frío...



"Camino a casa"
Aniak, Alaska
Enero 2008

A 40 grados bajo cero, la vida se ralentiza. Bueno, rectifico, mi vida se ralentiza, porque en el pueblo, hasta que no estemos a 50 bajo cero, la vida seguirá desarrollándose normalmente. Las escuelas seguirán abiertas, y la tienda, la clínica y correos también. Una vez superada la barrera de los 50 bajo cero, ya son más los que se quedan en casa, los niños ya no van al cole, y sólo los coches con las baterías más nuevecitas y resistentes se dignan a encender motores.

Llevo varios días sin apenas salir más que a por leña y a dar algún paseo muy cortito. Y es que las temperaturas andan bailando entre los 30 y los 40 bajo cero desde hace casi un par de semanas. Mi medio habitual de transporte, el quad, dice que no arranca pasados los 30 bajo cero. Y caminando aguanto lo suficiente como para llegar hasta la casa de la vecina antes de empezar a preocuparme de si mi hijo se estará quedando tieso ahí detrás en la mochila. Aún no estoy muy acostumbrada al frío y mi resistencia es pequeña en comparación a los autóctonos del lugar. Hay que tener en cuenta de que este es mi primer invierno en Alaska.

Desde luego, abrigarse bien es primordial. En invierno aquí no usas ropa de abrigo, sino equipo de alta montaña. Por supuesto, nada de ropa de algodón, que es lo peor para el frío, siempre lana o ropa sintética que retienen mejor el calor, cosa que he aprendido a golpe de congelamiento. Eso sí, varias capas de ropa siempre, estilo cebolla, para írtelas quitando y poniendo según el sitio a donde vayas, la calefacción que tengan, y el tiempo que pienses quedarte. Pantalones de nieve por encima de los otros, ya que las faldas en estas latitudes no tienen demasiado éxito. Botas de las que te venden como que aguantan 70 grados bajo cero, que es mentira, pero así te aseguras de que a 30 bajo cero tienes los pies calentitos. Y el parka o plumas ha de ser de los mejores del mercado porque si tiras por lo barato o lo estiloso, corres el riesgo de morir congelado.

Rematan el tocado un buen gorro de pieles, máscara para la cara, bufanda sobre la máscara, bien subida hasta los ojos, y un par de pares (no es una errata, son un par de pares) de buenos guantes. Básicamente lo único que queda al descubierto son los ojos, siempre y cuando vayas caminando y no haga viento. Si no, añádele al conjuntito unas buenas gafas de esquí, a ser posible que no empañen demasiado.

Puedo asegurar que lo peor de todo no es intentar moverse con un mínimo de garbo y salero con todo el equipo encima, sino sobrellevar el proceso de vestirse de tal guisa estando dentro de casa. Con tanta vestimenta, cuando por fin estás listo para salir a la calle, estás sudando como un pollo. No, y no vale esperar a salir fuera para colocarse la bufanda, la máscara, el gorro y los guantes, porque a 40 bajo cero, para cuando toca ponerse los guantes, ya tienes las manos heladas y puedo asegurar que no hay modo de que se vuelvan a calentar.

Hay un fenómeno muy curioso que ocurre pasada la barrera de los 20 bajo cero, al que te acostumbras rápido, pero que de entrada resulta una sensación física muy peculiar. A esto sí me he acostumbrado ya y me da hasta cosquillas. Con cada inhalación se congela la nariz por dentro y con cada exhalación se descongela. Me resulta difícil describir la sensación porque no he experimentado nunca nada que se le parezca, pero es literalmente como si el interior de la nariz quedara recubierto de una fina capa de hielo que se resquebraja si mueves la nariz como un conejito. Ahí es cuando da cosquillas. A estas temperaturas hay por narices que respirar por la idem, porque así el aire llega a los pulmones un pelín más calentito que haciéndolo por la boca. Y cualquier pizquita de calor es vital.

Hoy nos hemos despertado a 39 bajo cero, pero son las 4 de la tarde y estamos ya a 19 bajo cero. ¡Veinte grados en 8 horas! ¡¡¡Señoras, señores, esto es el anticiclón de las Azores!!! Y dicen los optimistas que las temperaturas se van a quedar por aquí, al menos unos días. Si es así, podremos volver a salir a esquiar un rato, darnos una vuelta en moto de nieve, o acercarnos hasta el río y volver a cruzarlo sin temor a quedarnos congelados por el camino. Por favor, por favor, por favor, por favor...

Desde luego, es difícil negar que todo es relativo, y la manera en que juzgamos lo que percibimos (sean eventos, personas, objetos o cualquier otra cosa) siempre depende del cristal con que se mire y también, por qué no, la latitud en la que se vive. Porque a ver quién me iba a decir a mí que un día iba yo a considerar 15 grados bajo cero una temperatura ES-TU-PEN-DA.



PD: Gracias Anna, por darme un premio bloguero. Os lo reparto a todos los que pasáis por aquí, y es que no soy muy de seguir según qué normas :) Y gracias Patricia. El tuyo es un regalo, no tiene normas, y es un cuadro hecho por tí, lo cual lo hace super especial y me apetecía presumirlo por ahí. Gracias a las dos.

jueves, febrero 7

Cercanía



"Cuentos a media tarde"
Amiak, AK
Julio 2007


Solía ser que cuando uno cogía las maletas y lo dejaba todo para irse a algún lugar lejano, el lugar de acogida se definía claramente por ese adjetivo. Era lejano. Tal vez incluso muy lejano, otro mundo. Solía ser también que el único medio de comunicación era el correo, y que las cartas a veces tardaban años en llegar. Eso si llegaban. Luego, con los anõs y el uso más generalizado del teléfono, empezamos a poder hablar directamente con los seres queridos. Tardabas horas en conseguir conferencia internacional y cuando finalmente funcionaba la línea no se sabía cuándo duraría la conexión, pero ya era mucho. De todos modos, solía ser que si estabas lejos, estabas lejos y la distancia era patente.

Hoy en día, con todos los inventos tecnológicos que han pasado a formar parte de nuestra vida diaria, esas distancias de antaño han dejado definitivamente de existir. Y el gran culpable de que ese cambio esté siendo tan drástico es, sin duda, Internet.

Para empezar, si no fuese por Internet, yo no hubiese nunca conocido a David. Si no fuesa por Internet, David nunca hubiese encontrado este trabajo en Alaska. Y si no fuese por Internet, yo nunca hubiera asentido a dejar mi vida en la ciudad y mudarme a Aniak.

Venirme a un pueblito al borde de la tundra del suroeste de Alaska no era algo que yo imaginaba que me depararía el futuro. Un pueblito donde vivimos 527 de las 13.000 personas que habitan en la cuenca del Kuskokwim, cuya extensión es aproximadamente la mitad de España y donde lo más fácil es sentirse aislado e incomunicado. Un pueblito donde no hay móviles porque la cobertura queda a muchos cientos de kilómetros de distancia. Un pueblito a donde sólo llega una emisora de radio, la KYUK de Bethel, que se me hace medio surrealista porque mezcla la música de mi adolescencia (Sex Pistols, AC/DC, Led Zeppelin...) con largas y pausadas charlas en Yup'ik, idioma que no entiendo. Un pueblito al que no nos hemos traído una tele porque ya hace años que no usamos. Un pueblito que en definitiva está lejos. Muy lejos. No de Siberia por supuesto, Siberia está a un par de horitas en avioneta. Pero sí de toda la gente que amo, de todo lo que conozco, y de todos mis otros sitios favoritos del planeta.

Por suerte, en ese pueblito lograron poner conexión a Internet vía satélite 3 meses antes de nuestra llegada. Y de repente ese pueblito ya no parece estar tan lejos. Desde ese pueblito perdido en el medio de una de las más vastas extensiones de naturaleza salvaje que existen en el planeta, abro ventanas a otros mundos cada día. Se me cuelan en casa mis amigos a charlar por las mañanas, aparece de pronto el abuelo a disfrutar un rato de la sonrisa de su nieto, se pasa la yaya a cantarle unas canciones a Naím en la cocina, saludo a unos y a otros cuando me los encuentro por las calles virtuales, encuentro retazos de otras vidas que no conozco en persona pero con los que disfruto leyendo...

Y aunque es cierto que los sentidos del tacto, gusto y olfato no pueden explayarse en la presencia de los que estando lejos están a la vez tan cerca, la vista y el oido sí pueden. Y ya que parece que poco a poco vamos añadiendole sentidos a la experiencia de la distancia, quizá un día terminemos por poder oler, saborear y tocar a los que tenemos lejos. Quién sabe.

De todos modos, hoy en día y aunque incompleta la experiencia, la compañía la siento muy real y la sensación de soledad y lejanía se hacen menos intensas. Gracias por estar ahí.

domingo, febrero 3

¡Prueba superada!



"Autopista de hielo"
Aniak, Alaska
Enero 2008


Ayer hice aquello que pensé tardaría meses (o años, tal vez) en atreverme a hacer. Fui capaz de cruzar el río en el quad sin morirme de miedo. Así dicho, a voz de pronto y sin pensar, no suena tan terrible. Pero si piensas que debajo de esa capa de hielo, que puede llegar a medir un metro de espesor, corren las aguas del Kuskokwim, el río libre más largo de los EEUU, la verdad es que la cosa impone un poco. Confieso que durante unos segundos el corazón casi se me sale del pecho al darme cuenta de que ya no pisábamos tierra firme, pero me recompuse en un periquete.

A estas alturas de año, el agua está lo suficientemente helada como para que gran parte del río se use como autopista. Es el único momento del año en que se puede salir del pueblo e ir a alguna parte sobre ruedas. En el verano puedes desplazarte en barca, pues alrededor todo es agua. Y durante las épocas de helada y deshielo, no te queda más remedio que quedarte quietecito en un sitio calentito y con comida, porque no se puede ir a ninguna parte fuera del pueblo.

Por el río circulan motos de nieve, quads, camionetas, y hasta camiones y máquinas quitanieves. Pero aunque este dato aporta una cierta seguridad al novato o novata de turno (léase nosotros), lo cierto es que aquí y allá hay zonas de agua abierta y hay que saber reconocerlas para poder evitarlas. Y como todo el mundo en el pueblo parece tener alguna historia truculenta sobre aquel día en que se les rompió el hielo en el río y salvaron el pellejo milagrosamente, la seguridad que aporta el dato previo se hace añicos en un momentito. También es cierto que un gran porcentaje de los accidentes que ocurren vienen acompañados de nocturnidad, alevosía y alcoholismo, pero sigue imponiendo un gran respeto aun yendo completamente sobrio a plena luz del sol.

Estoy muy orgullosa de haber superado uno de mis grandes miedos en este rincón del mundo. Una vez más compruebo aquello de que ganamos en valor cada vez que hacemos aquello que nos atemoriza. No nos despertamos un día por la mañana sintiéndonos valientes porque sí, sin más. Es necesario reducir el espacio mental que ocupan los miedos y su verborrea incesante en nuestra cabeza, porque eso ayuda a que nuestra energía pueda transformarse en acción. Sucumbir al miedo sólo favorece la retroalimentación del mismo, lo cual suele tener un efecto paralizante. Y con este frío, lo de quedarse quieto no es buena idea.

Así que cuando esta mañana, y casi podría decirse que para celebrarlo, al mirar el correo, veo que desde el blog de Fini me han dado un premio bloguero, sonreí para mis adentros.


Río helado, blog... qué más da, es todo parte de la misma conspiración universal. Me gustan estas coincidencias que tiene la vida.

Por cierto, el premio que me han dado os lo entrego yo a todos y cada uno de vosotros que pasáis por aquí. Porque a todos os he leído en mayor o menor medida y a todos os agradezco la compañía y la inspiración en estos momentos.

jueves, enero 31

Agradecida



"Casa y sauna"
Aniak, Alaska
Enero 2008


Desde hace dos semanas hemos estado sin agua y aunque derretir nieve sobre la estufa de leña puede tener su toque bucólico y pastoril, el romanticismo desaparece por completo a la hora de fregar y sobre todo pretender aclarar los cacharros de la cocina. Hoy por fin, la casa ha vuelto a la normalidad y el agua corre por las cañerías de nuevo, llevando y trayendo cantidades increíbles de hierro y su consiguiente óxido. Pero es lo que hay si vives en esta zona de Alaska.

Hemos tenido muchísima suerte, todo sea dicho. Le hemos debido de caer en gracia a George, uno de los dos fontaneros que hay en el pueblo, y en un tiempo récord de dos semanas nos ha conseguido una bomba de agua nueva y nos la ha instalado. Esto en Aniak es como para anotarlo en el Guinness. No es broma. Aquí lo normal es que el currante de turno se haga de rogar durante meses. Porque sí, porque puede, porque le da la gana, y porque no le apetece trabajar. Te puedes dar con un canto en los dientes si al final consigues que aparezca. Y no puedes abrir las páginas amarillas y llamar a otro fontanero.

En realidad, en Aniak ni hay páginas amarillas, ni hay más fontaneros disponibles. Los pocos negocios que hay en el pueblo son una tiendita de víveres, una gasolinera, y una pizzeria donde no puedes ni sentarte a no ser que lo hagas en el suelo. Viniendo del país donde seguramente haya el mayor número de bares, restaurantes, cafeterías, y pubs por metro cuadrado en el mundo, resulta chocante el hecho de que no haya ni un sólo lugar de reunión social aparte del Bingo de los martes por la noche. Así que Bingo tenemos, pero un cine o una cafetería no.

Pero a lo que iba, que me lío. El estar sin agua dos semanas me ha hecho pensar en la poca atención que le prestamos a cosas que damos por sentadas en nuestra civilización "civilizada". Abrir un grifo y que salga agua fría o caliente, a placer. Apretar un interruptor y que se haga la luz. Meter ropa sucia en una máquina y que salga lavada. Tirar de la cadena y deshacerte al momento de tu mierda. Todas esas modernidades que hoy en día nos parece que casi son un derecho. Y no, lo que son en realidad es un auténtico lujo.

Mi recién retomada ducha diaria siempre ha sido mi momento preferido del día para repasar todas aquellas cosas por las que estoy agradecida. Ahora la lista incluye cosas tan mundanas como una bomba de agua, una lavadora y una cañería aunque esté medio oxidada.

domingo, enero 27

Randi



"Randi"
Aniak, AK
Enero 2008


Hoy ha crecido la familia. Así, sin previo aviso, casi que a traición se nos ha colado un perrillo en casa. Negro, con una mancha blanca en el pecho, y el pelo ni largo ni corto. Tímido, asustadizo, parece cachorro todavía. Tiene esa mirada de cordero degollado característica del palleiro al que han maltratado en alguna ocasión. Llevo meses haciéndome la dura con la idea de volver a tener un perro, pero esa mirada hoy finalmente ha podido conmigo. Naím le ha bautizado inmediatamente como Randi y la Tola le ha bufado muy orgullosamente, dejando bien claro quién es la dueña del territorio.

Será buena compañía en casa durante los numerosos viajes de David. También será buena compañía para los paseos por el bosque, ya que además del obligado GPS, necesario para internarse más de 10 metros en esta caótica espesura que nos rodea por todas partes, un perro tampoco está de más. Habrá que ver de qué manera reacciona ante la presencia de un animal salvaje, llegado el caso. Aquí dicen que si un perro no es capaz de ponerse entre tú y el oso, el alce, o cualquier otro de los bichos potencialmente peligrosos que abundan por estos lares, mejor que le metas un tiro sin contemplaciones y te deshagas de él. No se andan con chiquitas en el pueblo.

En Aniak no hay casa sin perros. El que menos, tiene dos o tres. Y el que más quizá unos 15 o 20. La gran mayoría son perros de trineo, a los que se empieza a ver a mediados de septiembre, una vez terminada la temporada de la caza del alce, corriendo delante del quad del amo, en formación, preparándose para el invierno. La gente aquí ha retomado la aficción a usar trineos tirados por perros como hobbie. Solían ser el medio de transporte habitual hace años, pero desde la introducción de la avioneta primero y la moto de nieve después, han quedado relegados a pasatiempo invernal. Un pasatiempo que mucha gente comparte.

Quizá hayáis oido hablar de la Iditarod, la más famosa carrera de trineos tirados por perros, que recorre casi 1700 km desde la ciudad de Anchorage hasta Nome, un pueblo en la costa oeste de Alaska. Esta carrera anual conmemora el viaje de cinco días que realizó un grupo personas y perros en 1925, recorriendo parte de este mismo camino para llevar, de urgencia, una carga de medicinas a Nome. Bueno, lo de "camino" es una licencia literaria, porque camino, lo que se dice camino no había entonces, ni hay ahora. Este viaje en trineo evitó que una epidemia de difteria se expandiese fatalmente por la zona. Hay que tener en cuenta que las epidemias se cargaron aproximadamente al 60% de la población nativa a principios del siglo. Es por ello que los componentes de este grupo salvador (hombres y perros por igual) se convirtieron en héroes nacionales y hoy en día se sigue conmemorando la heróica travesía con esta carrera.

Cada zona de Alaska tiene su Iditarod particular. La de nuestra zona se llama K-300 y, por desgracia, terminó precisamente un día antes de nuestro regreso a Alaska, así que no pudimos verla a su paso por Aniak. Tendremos que esperar al año que viene.

Mientras tanto, podemos ir entrenando a Randi para que aprenda a tirar del trineo de Naím.

viernes, enero 25

Sin luz




"Antes de que anochezca"
Castro de Baroña, A Coruña
Diciembre 2007


Hay días donde el optimismo, la fuerza, la alegría, y las ganas de estar en Alaska se evaporan. Igualico igualico que el agua de la bandeja que tengo siempre encima de la estufa de leña para intentar darle un poco de humedad relativa al hogar.

Esos días suelen ser también aquellos en los que siempre tengo frío, en los que me cuesta más cuidarme, en los que me da una pereza terrible hacer yoga aunque me sienta de vicio y soy plenamente consciente de ello... en fin, en los que en que las cosas parecen no tener mucho sentido. En esos días, las única actividades con un objetivo claro son aquellas que están relacionadas con la limpieza, la cocina y la maternidad. Y llegados a este punto, una se va tornando gris, oscura, y sin luz.

Evidentemente no ayuda el resfriado que arrastro desde hace un par de semanas y que no me ha dejado salir a la calle desde que he llegado por miedo a volver a coger una neumonía. Tampoco ayuda el no haber comenzado aún a dar mis clases de yoga, ni a juntarme con las chicas a hacer nada, ni a dar vueltas a sacar fotos... Y mucho menos ayuda esa extraña fuerza centrípeta que parece querer arrastrarnos de repente y sin venir a cuento hacia viejas y aburridas dinámicas de vida parejil.

Así que he optado por plantarme delante del fuego y sacar mi esterilla de yoga para hacer una mezcla de automasaje y yoga durante media hora larga. Y como también ha salido el sol, cuando se despierte el enanino y regrese David de trabajar cogeré la cámara y nos iremos a dar un paseo hasta el río.

Porque después de tres días de oscuridad grisácea, es que me aburro a mi misma.

martes, enero 22

Hogar dulce hogar



"Mar de montañas"
Alaska, de camino a Aniak
Diciembre 2007


Por fin, ya de vuelta en casita. Tras tres días de aviones y aeropuertos, durmiendo poco y mal, por fin hoy llegamos a Aniak. Nos recibió el invierno con unos increíbles 4 grados de temperatura, cuando la semana pasada estaban a 40 bajo cero. Y aunque la nieve se está derritiendo a pasos agigantados, casi que me alegro que la vida me ofrezca esta pequeña transición en vez de tener que sumergirme directamente en el crudo invierno ártico recién llegada del sol egipcio. Parece que en estas fechas siempre hay un pequeño "veranillo de San Martín" polar y hemos llegado justo a tiempo para disfrutarlo.

La vuelta nos ha obligado a comenzar a vivir por un tiempo al más puro estilo alaskeño rural, esto es, sin agua corriente. Mientras estábamos fuera, y gracias a que inesperadmete nos quedamos sin gasoleo para la estufa por un error de previsión, la calefacción se paró y la casa se puso a unos 10 grados bajo cero mientras fuera estaban a unos -30. Por ello, algunas de las cañerías reventaron, y con ellas, también la bomba del agua, que se rajó entera de lado a lado. Y sin bomba, pues no hay manera de sacar agua, claro.

Así que en esas estamos, derritiendo nieve para fregar los platos y darnos duchas al estilo esquimal en la sauna de vapor que tenemos fuera. Para lavar ropa, acudiremos a algún vecino generoso, porque lo de lavar con nieve como que ya no me apetece tanto, vaya. Eso sí, espero que no se vaya del todo la nieve, o nos quedaremos sin suministro regular de agua. Pero bueno, a pesar de los incidentes, es un placer estar en casa, volver a hacer fuego, y disfrutar de los ronroneos de la Tola.

Pues nada, voy a ver si puedo volver a dormirme, que tengo un jet lag de espanto y aquí ando, blogueando a las 2 de la mañana después de haber dormido cinco horas y ser cruelmente despertada por un hermoso enanito llorón que sufre el mismo jet lag que su madre.

viernes, enero 18

En la ciudad de los mil minaretes



"Minaretes"
Cairo, Egipto
Enero 2008


Cairo, la ciudad de los mil minaretes, me ha resultado caótica a la vez que curiosamente agradable. Con aproximadamente unos 16 millones de personas concentradas en una urbe gigantesca, lo único que aquí no existe es el silencio. Si no son las llamadas a oración que salen de los altavoces de las mezquitas y van extendiéndose por la ciudad como una ola interminable, son los incesantes claxones de los coches y sus ruidoso motores.

Hace muchos años estuve aquí unos días y la unica sensación que recuerdo de mi visita es la de pánico. Pánico debido única y exclusivamente al caótico tráfico que serpentea por la ciudad. Esta vez, gracias al majo de Hassan y a mi querido cuñado, mis nuevos héroes al volante, la impresión que me llevo es, Al Hamdu Lellah, mucho más rica. Supongo que a mis amigos del DF, el tráfico del Cairo no les impresionaría tanto, ya que son bastante parecidos. Eso sí, con la gran diferencia de que en Mexico he visto semáforos funcionando y conductores respetándolos, y en Cairo no he visto más que luces ámbar intermitentes que no indican mucho más que "cuidado!" en los cruces. Y luego cada uno que se las arregle como pueda. Coches, personas, burros, caballos, ovejas, motos, bicicletas y el ocasional barrendero en la autopista, bailan una coreografía improvisada compartiendo espacio y entrelazándose sin aparente orden ni concierto, aunque con sorprendente éxito.

Aunque suele ser inevitable sentirse en ocasiones como una moneda ambulante por el simple hecho de ser europeo en un país africano, me llevo un impresión muy agradable de la gente. Me ha gustado sobre todo la naturalidad con la que los hombres demuestran sus emociones, entre ellos y con los críos, cosa muy poco frecuente en nuestros países occidentales, donde la visión de dos hombres cogidos de la mano provoca todavía miradas furtivas y cuchicheos sobre sus preferencias sexuales y donde un hombre sonriendo, haciendo carantoñas o lanzándole besos al aire a un niño pequeño sería tomado como signo cuasi inequívoco de pedofilia. En Occidente estos gestos de cariño le estan socialmente permitidos a las mujeres y no tanto a los hombres. Luego, claro, está la otra cara de la moneda, ya que las manifestaciones afectivas entre hombres y mujeres en público son más bien púdicas y recatadas. No se puede tener todo.

Hicimos algunos recorridos turísticos inevitables estando en Cairo: las Pirámides y la Esfinge de Gizah, la Ciudadela, mezquitas varias, el barrio copto, el mercado Khan el Khalili... Pero sin duda los mejores ratos fueron aquellos que pasamos callejeando lejos de las hordas de turistas que invaden Cairo: paseando por estrechas callejuelas llenas de escuálidos gatos y hombres tomando te y fumando sisha; recorriendo parques como oasis en la ciudad repletos de parejitas jóvenes; comiendo en chiringuitos donde no se leía ni una sola letra de nuestro alfabeto (menos mal que David puede leer árabe); viendo la cara de felicidad de la señora que me enseñó a colocarme el pañuelo en la cabeza al modo tradicional (quizá se pensó que esta despeinada infiel iba a convertirse y taparse finalmente esos pelos de loca)...

Me quedo corta en mis explicaciones y se me quedan muchas cosas en el tintero, muchas impresiones, momentos, curiosidades... muchos retazos de vida sin contar. Ha sido toda una aventura que hoy toca a su fin. Mañana sábado salimos ya para Madrid, el domingo seguimos viaje a Seattle y el lunes aterrizaremos por fin de nuevo en Alaska. Han sido cinco semanas llenas de todo tipo de emociones, reflexiones, y diversiones, amigos y familiares de lo más diverso, y mucho sol y buen tiempo.

No hubiera cambiado este viaje por nada del mundo. Tengo la impresión de haber aprendido mucho y ahora me tocará realmente internalizar esos aprendizajes. Eso sí, desde mi rinconcito helado del polo norte y la rutina de mi vida diaria, a la que tengo muchas ganas de regresar. Nos vemos allá.

domingo, enero 13

Viajando



"Sonrisa desde el cielo"
Andorra, Teruel
Enero 2008


Con tanto viaje, no me salen las palabras. De tanto avión, tanto coche, tantos paisajes, tanta gente, tanta comida, tantos olores y tantas emociones, tengo el cuerpo y el alma embotados. ¿Quién los desembotará? El desembotador que los desembote, buen desembotador será.

Así que me paso por aquí para dejar una sonrisa capturada en el cielo hace unos días. Del cielo a mí, y de mí a todos los que pasais por aquí.

miércoles, diciembre 12

Antes de viajar



Amaneciendo a las 10
Anchorage, Alaska
Diciembre 2007

En dos días salimos de viaje a recorrernos medio mundo. Primero Seattle, con una paradita de 3 días para visitar a la familia y los amigos. Paradita que ayuda a hacer más llevaderas las treinta y pico horas de aviones y aeropuertos que tardamos en llegar a España desde Aniak. Luego a la península, donde más que irnos de vacaciones parece que nos fuéramos de gira, como las resurgidas Spice Girls esas. Volviendo a casa por Navidad como el turrón y recorriéndonos un montón de kilómetros para ver a todo el mundo: Madrid, Santiago, Teruel, Tarragona, y con suerte, hasta Granada. Y finalmente, antes de volver a casa, nos tomaremos unas vacaciones de verdad y nos iremos a Egipto, a pasar unos días con el hermano de David y su familia, a descansar, ver un poco más de mundo y a que Naím disfrute un rato más de sus primos.

Una parte de mí tiene muchas ganas de ir. Otra parte de mí no tiene ningunas. Esa parte preferiría quedarse en Aniak tranquilamente, viendo amaneceres hermosos desde la ventana de la cocina a las 10 y media de la mañana, cosiendo guantes de piel de castor para Naím, dando clases de yoga, haciendo pan, cocinando, recibiendo y dando masajes, disfrutando de nuestra sauna, sacando fotos a los paisajes helados que me rodean, compartiendo ratos con David y Naím, los tres juntos... Esa parte de mí quiere disfrutar al máximo de esta vida de lujo que tenemos ahora mismo, sin estrés, sin prisas, sin atascos de tráfico...

Estoy tremendamente agradecida por la oportunidad de vivir esta aventura tranquila que estoy viviendo en este lugar inhóspitamente acogedor. Aún no me he ido y ya tengo ganas de volver...

martes, noviembre 27

Cambios



"Agárrate"
Aniak, AK
Noviembre 2007


Poco a poco las cosas van cambiando y tomando una forma más definida para nosotros en esta esquinita salvaje del planeta. Todos los cambios están siendo positivos y hoy ya sé que el día que la vida me lleve a otro lugar, echaré de menos este pueblito perdido en la tundra de Alaska, mi hermosa cabaña, y la vida tan diferente que estoy llevando.

Uno de los cambios más curiosos estos días está siendo mi relación con el frío. Hasta hace muy poco, cero grados me parecía un frío de carallo. Hoy en día cero grados son, como dice el dicho, ni frío, ni calor. Salgo a por leña con una chaquetita fina a cero grados y ya no percibo el frío. Al contrario, me parece una temperatura fresca y agradable. Que curioso, ¿no?

Otros cambios sorprendentes y de los que estoy muy agradecida, los ha traído consigo mi racha social de las últimas semanas. He conocido a una chica que trabaja en la farmacia del pueblo y para mi gran deleite resulta que es masajista. Quién iba a imaginar que en Aniak íbamos a ser dos las masajistas, y que se me fuese a abrir una puerta a la posibildad de intercambiar masaje y cuidarme de esa manera. Como si se me apareciera un angelito, de esos que ayudan a que las experiencias polares sean positivas. Nos convencimos mutuamente al primer contacto y ahora todos los domingos nos encontramos en mi casa. Un domingo ella recibe masaje y al domingo siguiente lo recibo yo. Del masaje salimos directamente a la sauna calentita que ya nos tiene preparada David como preludio a la que luego se toma él. Eso sí, mucho más caliente que la nuestra. Tanto que yo la definiría casi como masoquista.

Por si encontrarla a ella no hubiese sido poco, resulta que esta chica vive con un hombre que además de ser un tipo muy majo y con pinta de poder llegar a ser un buen compañero de aventuras, especialmente para David, también es un manitas de la construcción y por lo que parece, uno de los pocos hombres a los que no les cuesta semanas y semanas plantearse el hacer unas chapucillas aquí y allá para otra persona en el pueblo. Algo no muy frecuente en Aniak, la verdad. Nuestra aventuras con dos supuestos fontaneros del pueblo dan como para dedicarles una entrada aparte. Así que siendo novatos en Alaska, encontrar a alguien que sabe hacer de todo en una casa y además es amigo es como encontrar otro angelito.

Y ya que va la cosa de angelitos, no puedo dejar de mencionar a Zaden (pronunciado Seidan), su hijo de 17 meses. Es un amorcito de niño que gorgojea todo el rato como un pajarito y se te echa a los brazos a la primera de cambio. Todo un regalo para sus padres, y ahora también para Naím. Esta semana hemos descubierto que se llevan estupendamente y Zaden ya se ha pasado un par de tardes en casa.

Así que poco a poco vamos creándonos una pequeña y variopinta comunidad alrededor. Sin ella, sería mucho más dificil pasar aquí el invierno. Un invierno que de vez en cuando nos regala días frescos y agradables, a cero grados.

¡Cómo son los cambios! El miedo que nos dan a veces... ese famoso miedo a lo desconocido. Y luego te das cuenta que una vez que decides vivirlos estando realmente presente, cuando menos te lo esperas te acostumbras a ellos y acabas percibiéndolos como positivos en tu vida.

Desde luego, los humanos tenemos una capacidad de adaptación increíble, nos acostumbramos a cualquier cosa, por imposible que nos parezca antes de vivirla. Y menos mal que es así.