lunes, junio 30

Madrid



La etapa madrileña del viaje toca a su fin. Han sido ratos hermosos y muy variopintos, donde en cada casa me he sentido como en la mía propia. Hemos pasado varios días con la yaya, las cuñadas, y mucha piscina para amortiguar un poco el tremendo calor que ha hecho.


Le agradeceré eternamente a la yaya el haberme dado algunos de los pocos ratos de vacaciones que realmente tengo al año. Poder sentarme a leer durante cuatro horas sin interrupciones es un lujo que raramente disfruto en la vida diaria. Naím adora a su yaya y con ella es capaz de olvidarse por un ratito de la mami, que en estos momentos de tanta gente, tanto ajetreo inusual y cinco cambios de cama en una semana, es el único referente estable que posee.


Además de la familia, ha sido también rato de amigos, o más bien de Amigas. De esas con mayúsculas, de las que llevan ahí más de 15 años y seguirán ahí por siempre. De esas que se cuentan con los dedos de una mano.


Tuvimos nuestros momentos de tradiciones africanas...


Nuevos amigos...


Conciertos de jazz en la plaza del pueblo con las cigüeñas en el palco...


Y, cómo no, mucho fútbol. A Naím curiosamente le apasiona y aunque a mí el fútbol me la refanfinfla, siempre me entra el patriotismo en casos de campeonatos internacionales, qué le vamos a hacer.


Mañana cogemos carretera y manta y acompañados por el abuelo que no ha podido resistirse a venirnos a buscar, salimos de camino a Galicia. Esperemos que el buen tiempo nos siga acompañando.

viernes, junio 27

Mortadelo y Filemón






Finalmente les habíamos puesto nombre, después de casi dos meses de que entrasen a formar parte de nuestra vida diaria. Mortadelo y Filemón. Uno flaquillo, alto y oscuro. El otro bajito, rechoncho y blanquito.

Dos días antes de salir de viaje le pedimos a Abe, el otro dueño de las cabritas, que se las llevara a su casa. Las íbamos a compartir durante el verano, un rato aquí y otro allá. Son unos cortacéspedes buenísimos y como la hierba en Alaska crece a razón de palmo diario, ellas bien alimentadas y nosotros todos contentos.

Se las llevó a su cabaña río arriba, en pleno monte, a varios kilómetros del pueblo más cercano. Les había construído un corralillo y estaban felices. Eso es, hasta que un oso se las merendó hace dos días.

Así son las cosas en Alaska, te descuidas un ratillo, y viene un oso a zamparse tus cabras. Qué penita... Con lo simpáticas que eran...

miércoles, junio 25

Barcelona



No lo hubiese imaginado nunca, pero al aterrizar en Europa comprobé que mi cuerpo se había desacostumbrado a sentir calor. Curiosa sensación la de ir adaptándose a ir con medio cuerpo al aire, sudando, y agradeciendo cada oportunidad de pasar un poco de fresquito.

La primera etapa del viaje ha sido Barcelona. Dos días estupendos acogidos en los 24 metros cuadrados más cálidos de toda la ciudad. Y no por el calor, que lo hacía y mucho dentro del apartamento, sino por la calidez humana que desprende mi querida hermana Chío. La visita ha sido corta y me ha sabido a poco. Espero con ganas volvernos a encontrar en Galicia, aunque sea para disfrutar de otro par de días juntas. Las labores de tía las ha hecho estupendamente. Toda una profesional, aunque ejerce más bien poco por lo lejos que le queda su sobrino.


No estaba en Barcelona desde la excursión de fin de curso de COU. De eso hace ya muchos años. De la ciudad hemos visto más bien poco, pero las excursiones que hemos hecho han sido variadas y tremendamente agradables. Un viaje a la playa de l´Hospitalet de l´Infant con visita al precioso pueblito del Roc de Sant Gaietá. Fue una pena no haberme llevado la cámara de fotos para poder compartir las preciosas imágenes de ese pueblo que tengo en la mente, así que por primera vez tomo una prestada. Tapitas, terracita y fuegos artificiales de la noche de San Juan. Un placer indescriptible.


Para equilibrar, al día siguiente nos fuimos a visitar la montaña que hace honor al quinto de mis nombres. Montserrat. Y sí, tengo cinco nombres, como si fuese de la realeza, pero esa es otra historia que ahora no viene al caso. Precioso, verdaderamente impresionante. El día estaba cubierto y bochornoso, y se agradecía la sombra de las nubes y el viento de la cima. Naím feliz corriendo por los caminos, viendo mariposas, pájaros y escaladores, y descansando subido a hombros de su tía Chío. Y su madre encantada de poder pasear por la naturaleza sin tener que preocuparse de los osos o los alces a cada paso. Qué descanso y qué placer.


Ya de regreso a Barcelona, hicimos una visita a última hora al famoso Parc Güell, que no había visitado nunca. Estaba casi vacío, lo cual hizo el paseo muy agradable, sin las típicas hordas de turistas. Me encanta Gaudí y su estrambótica imaginación arquitectónica.


Como detalle lingüístico, decir que en estos días, Naím ha aprendido una nueva palabra que dudo mucho que se le olvide jamás. Petardo.

Gracias hermana por tu hospitalidad y por ser tan tú misma como eres. Te quiero.

miércoles, junio 18

Huyo despavorida



Dieciocho. Los he contado. Dieciocho mosquitos en la parte alta de la capucha de mi amiga. Y eso es sólo en el lado derecho. Si hago la cuenta a ver a cuantos tocan por persona, me da un pasmo.

Hace un par de días que ha comenzado la invasión. Está en sus más tiernos principios, dicen. De aquí a tres semanas estará en su punto álgido. No me lo quiero ni imaginar.

Así que he decidido poner pies en polvorosa, y junto a mi aterrorizado hijo, largarme unas semanas a tomar el sol lejos de las hordas que se avecinan. Me voy a mis queridas playas gallegas, allá donde los mosquitos salen a pasear discretamente un ratito cada día. Lo normal, vamos. A disfrutar de la familia, de los amigos, del sol, de mi ría, y que no falte un buen marisquiño bien regadito con su Albariño.

Así que ahí voy de nuevo, de acá para allá...

martes, junio 3

Vida de Subsistencia




"Un alce en el camino"
Aniak, Alaska
Mayo 2008




Ahí arriba os dejo la mini entrevista que me hicieron el otro día por la radio, para los que queríais escucharla. Al final hablamos un poquito de la comida que se come por estos lares, y quisiera aprovechar para aclarar que no, los osos no están en extinción en Alaska y menos porque haya gente que se los coma, y sí, los repollos se venden en la tienda del pueblo a 7 euros cada uno.

A lo de los repollos ya le hemos puesto remedio con el invernadero y la huerta que hemos comenzado a plantar este fin de semana pasado. Repollos, coliflores, acelgas, brécol, espinacas, tomate, lechuga, cebolla, puerros... todo tipo de verduras para evitar en la medida de lo posible el tener que comprar en la tienda del pueblo. Lo de ir de compras aquí es toda una odisea que ya relaté en su momento, así que no me repito.

Con respecto a lo de los osos, creo que en esta zona del mundo es importante hacer distinción entre la gente que caza para mantener una economía de subsistencia y aquellos que cazan por "deporte." De estos últimos también hablé hace tiempo, si os interesa leer un poco más.

En Alaska está permitido hacer lo que llaman "subsistence living" si eres residente del estado, o sea, si llevas al menos un año viviendo aquí. No estoy segura de que haya zonas donde no se permita, pero en ésta desde luego, es el modo de vida de mucha gente. La mayoría de los nativos (esquimales e indios) viven de esa manera y algunos blancos, entre los que nos incluimos nosotros, también.

La vida de subsistencia implica básicamente que se vive, en la medida de lo posible, de la pesca, la caza, y de la recolección de frutos del bosque. También podemos añadirle la recogida de madera, aunque eso es tema para otro post. Tenemos ahora mismo una polémica en el pueblo tremenda, sobre si los blancos podemos o no recoger leña fuera de los límites de nuestra propiedad. No entraré en detalles ahora, quería hablar de la comida de subsistencia.

El salmón es el pescado por excelencia en Alaska. Su temporada marca el inicio del verano y de la época de recolección y almacenamiento. Es un salmón muy diferente al que hay en Europa, mucho menos graso. La temporada empezará en cualquier momento, en cuanto se corra la voz de que alguien ha pescado el primer King Salmon en el pueblo. De hecho, ya hay gran expectación, porque el fin de semana pasado se pescó el primer King en Kalskag, el siguiente pueblo río abajo. Dentro de un par de semanas empezarán a llegar los Chum, y más tarde los Silver y los Red. Tenemos un par de meses por delante donde la vida girará en torno a la pesca de las distintas clases de salmón, y su posterior procesado para guardar reservas para todo el invierno. Tenemos tres formas de conservar salmón: en crudo y congelado al vacío; ahumado de 3 días y envasado en frascos de cristal también al vacío; y ahumado de diez días y posteriormente congelado para ir sacando según vaya apeteciendo. También hacemos caviar con las huevas, que con pan y mantequilla están riquísimas. Estos días estamos terminando las reservas del año pasado para poder volver a llenar el congelador de pescado fresco.

La caza más carácterística de Alaska es la del alce y con ella se cierra el verano y la temporada de recolección y almacenamiento. Se abre la veda en Septiembre y dura unas tres semanas. Durante este tiempo a cada familia le está permitido cazar un alce, siempre y cuando sea un macho que pase de la edad reglamentaria. El resto del año la gente continúa cazando conejos, castores y aves, principalmente. La caza de lobos y zorros es muy frecuente, aunque su carne no es comestible, ya que son carnívoros y por tanto su carne es muy dura. Los osos se cazan también por varias razones, y una de ellas es la defensa personal.

En casa, un día cualquiera, podemos comer un guiso de oso, unos filetes de alce, un marmitako de salmón, una paella de ardilla, unas costillas de castor a la plancha, o un pato a la naranja. Algunos cazados y pescados por nosotros y otros (como el oso, por ejemplo), regalados por amigos. Algunos suenan raros, lo sé. Yo misma a veces tengo sentimientos encontrados al comerme alguno de los animales que menciono anteriormente, pero sé que más que nada es por falta de costumbre, porque desde mi mundo anterior esos animales no se comían.

Yo nunca he sido vegetariana, me gusta comer carne y pescado. Depués de varios conflictos internos sobre el tema, hoy pienso que es mucho más ecológico y menos dañino para el planeta que las proteínas animales que comamos, las cacemos y pesquemos nosotros mismos. Se matan animales para alimentar humanos en todas partes del mundo y en demasiadas ocasiones pasan su vida entera en condiciones increíblemente crueles. Al menos sé que estos animales que ahora nos alimentan han pasado una vida totalmente natural en su habitat original, y que no ha sido necesario destrozar ningún ecosistema para producir el grano con el que alimentarlos.

Quíen sabe si el momento de hacerme vegetariana no será el día que me vaya de Alaska.