miércoles, febrero 27

De la gente y sus historias



"Stop"
Aniak, Alaska
Enero 2008


Llevo unos días sentándome a escribir y sintiéndome bloqueada. Entre otras cosas estuve un poco confundida, sin saber muy bien para quién o para qué estaba escribiendo. Fue necesario retroceder hasta mi primer post para recordar que mi intención inicial al abrir el blog había sido la de intentar aprender a amar este lugar al que la vida, en uno de sus insondables toques de gracia, me había trasplantado.

Cuando llegamos aquí hace aproximadamente un año, una de las cosas que más nos llamaron la atención desde el primer momento, fue la cantidad de tiempo que dedican al día una gran parte de los kass’aqs del pueblo (esos somos nosotros, los blancos) a criticar a los nativos de la zona. Los acusan de borrachos, violadores, vagos, maltratadores, jugadores… Pueden pasarse horas simplemente poniéndolos verdes y parecen disfrutar con ello. Lo más triste de todo, es que a un gran porcentaje de la población nativa, estos adjetivos les sientan como anillo al dedo.

De los nativos en cambio, nos impactó esa forma de mirar sin verte, con la que hacen obvia su total falta de interés en tu persona. Ellos, a su vez, también pasan sus buenos ratos poniendo verdes a los kass'aqs y culpándonos de todos sus males. Nada sorprendente, por otro lado. No creo que haga falta recordarle a nadie la fama que nos hemos currado por el mundo adelante los kass’aqs. Pero sí es cierto de que en ocasiones, sus razonamientos son sorprendente y casi me atrevería a decir que hasta graciosos, si las consecuencias que emanan de culpar al otro y no tomar responsabilidad personal no fuesen tan dramáticas.

He estado leyendo un librito escrito por un tal Harold Napoleon (nombre curioso para un nativo Yup’ik donde los haya). El libro se titula “Yuuyaraq: The Way of the Human Being.” Harold es un hombre que durante los cinco años que pasó en la cárcel por haber matado a su propio hijo una noche de borrachera, consiguió unir bastantes de las piezas que forman el rompecabezas de esta sociedad traumatizada que son los Nativos de Alaska.

Una mezcla de hechos históricos traumáticos y respuestas emocionales a esos traumas han conformado la sociedad nativa de Alaska de hoy en día. Hechos como las epidemias de principios del siglo XX que diezmaron la población, reduciéndola en un 60%; la posterior educación de los niños nativos a manos de misioneros cristianos en colegios e internados donde se les prohibía hablar Yup’ik y se les enseñaba que sus rituales espirituales tradicionales eran satánicos; y la firma del Alaska Native Claims Settlement Act, por el cual en 1971 el gobierno de EEUU compró a los nativos el derecho de uso de sus tierras aborígenes, donde coincidentemente habían encontrado petróleo a espuertas, son tres grandes ejemplos de pérdidas traumáticas que ha sufrido este pueblo a lo largo del siglo pasado. Pérdida de familias y aldeas enteras, de su cultura y su espiritualidad, y de gran parte de sus tierras. Pérdidas que dieron como resultado una generación traumatizada, avergonzada de sus orígenes y de sí mismos, y que acarreaba un gran sentimiento de culpa.

Todo trauma trae consigo una gran marea de sentimientos (tristeza, miedo, culpa, vergüenza, inseguridad, falta de motivación...). Si a estos sentimientos post-traumáticos se une el silencio, aparece como resultado tanto la transformación de dichos sentimientos en una agresividad internalizada, como su repetición automática de generación en generación. Los Yup’ik son gente callada, sin costumbre de hablar de sentimientos ni de las cosas malas que han ocurrido. Aún hoy en día, los ancianos recomiendan a los jóvenes “nallunguarluku,” o sea, que pretendan que no ha pasado nada.

Si al trauma sufrido en silencio se le añade alcohol y drogas como vía de evasión de la realidad, esa agresividad internalizada termina expresándose sin control, normalmente hacia aquellos que están más cerca. Si además tenemos en cuenta la existencia de aproximadamente un 90% de paro, muy pocos recursos laborales en la zona, y las necesidades básicas cubiertas por el estado, nos encontramos que a todo lo anterior se unen la desesperanza, la desidia, y la falta de iniciativa.

Es obvio que estoy hablando en términos generales, y que hay nativos con ganas de que su pueblo salga del hoyo en el que se encuentra y luchando por conseguirlo. Pero también es cierto que la Alaska rural tiene uno de los mayores porcentajes de suicidio de todo el país; que sufre un problema de alcoholismo que ha llevado a muchas aldeas a votar a favor del establecimiento de la ley seca total o parcial (en Aniak, por ejemplo, hay una ley parcial, se puede consumir alcohol, pero en el pueblo no se vende); y que la violencia doméstica, el maltrato y el abandono infantil, los abusos sexuales, el embarazo adolescente, y el paro están a la orden del día.

Han sido víctimas. Víctimas de desastres naturales, de pérdidas devastadoras, de alcoholismo y drogadicción, de violencia y abusos… de traumas que vienen de lejos y que se mantienen vivos con la ayuda del silencio y el alcohol. Durante generaciones unas víctimas han reemplazado a otras, el abusado se convierte a su vez en abusador, mientras sigue siendo víctima de otros a la vez que de sí mismo. Es un círculo de abuso que da mil y una vueltas enmarañándolo todo.

Después de trabajar durante diez años con una gran cantidad de víctimas de todo tipo, intentando ayudarles a salir del hoyo y encontrar la dignidad y la autoestima que habían perdido por el camino, soy capaz de entender y reconocer el ciclo de abuso. Y por eso mismo también soy consciente de que abusador y víctima son dos caras de la misma moneda y que es importante y necesario culpar a los culpables en voz alta y quejarse de los abusos que uno ha sufrido. Pero también es importante y necesario que la víctima sea capaz de salirse de su papel de víctima y pueda reconocer claramente su contribución a la dinámica del abuso, responsabilizarse de sus propias acciones y tomar parte activa en el proceso de cambio. Sólo entonces será realmente posible la sanación.

La cultura tradicional Yup’ik merece mi más profunda admiración. Es un pueblo fuerte, que ha sobrevivido durante siglos en las condiciones climáticas más adversas, en comunión profunda con la naturaleza. Esa cultura se basaba en un gran respeto a los ancianos y la espiritualidad impregnaba todos los aspectos de su vida. Pero esa cultura, como tal, ya no existe.

Hoy en día, las nuevas generaciones no respetan ni a su abuela, se roban, violan y matan unos a otros, y serían incapaces de vivir sin su televisión, su consola, su moto de nieve, su quad, y su calefacción de petróleo, todo ello subvencionado de un modo u otro por el estado. No tienen mi respeto ni mi aprobación, aunque sí mi comprensión.

Estos días no ha sido fácil encontrarle el lado amable a este pueblo. He tenido la desgracia, o la suerte, según se mire, de verle realmente las tripas a esta esquinita del mundo. Viejas rencillas ya podridas entre familias de la zona… manipulaciones descaradas de información para beneficio de unos y probable detrimento de otros… el racismo devastador que impera en la zona...

Dentro de todo lo malo, ha sido hermoso constatar que alguna gente todavía conserva el sentido común tanto en la cabeza como en el alma. Un puñado de ellos han sabido demostrar que han logrado conservar (o rescatar) la sabiduría que proporciona el contacto íntimo con una espiritualidad ancestral. Ha sido un puñado tristemente pequeño, pero existente al fin y al cabo... Y de ahí es del único lugar posible del que emana la esperanza.


"It is time we bury the old culture, mourn those who died with it, mourn with those who survived it... We have been wandering in a daze for the last 100 years... Now we have to stop, look at ourselves, and... press on together, free of the past that haunted us... free to become what we were intended to be by God."

Harold Napoleon




((Si alguno ha leído hasta aquí, enhorabuena. Hoy se me ha ido un poco la mano, pero es que tenía este post atravesado como una espina en la garganta.))

martes, febrero 26

Uy!




Para aquellos que hayais tenido la desgracia de recibir en vuestros feeds el batiburrillo de palabras sueltas y mal escritas, y retazos inconexos de pensamiento que se me han escapado al espacio sideral sin saber cómo ni porqué, os va una disculpa.

Parece que va a ser mejor que los borradores los escriba en otro lado...

Y la ansiedad que me ha entrado, diosmiodemivida... pánico escénico total!!!!!!!!

Si es que esto de la fama no da más que disgustos :)

lunes, febrero 18

Arte... sana...




"Dunas"
Aniak, Alaska
Febrero 2008


Hoy ha comenzado un veranillo invernal. De esos que allá son propiedad de San Martín y acá creo que no los rige santo alguno. Hemos alcanzado cuatro grados. Sobre cero, sí, sobre cero. Estupendo para estar fuera y poder por fin disfrutar, que no sufrir, el aire frío en la cara.

Ya nos tocará protestar este calor dentro de unos días, cuando ese metro y pico de nieve que ahora se derrite tan alegremente, vaya generando una capa de hielo que irá haciéndose más gruesa a medida que las temperaturas bailen de uno a otro lado del cero. El pueblo se transformará durante unos días en una inmensa pista de patinaje, hasta que vuelva a nevar de nuevo. Es una pena no haber aprendido a patinar sobre hielo cuando era niña. Lo bien que me vendría ahora.

La gente en el pueblo ya está empezando a hablar de lo que será el deshielo dentro de un par de meses, con tanta nieve que hay. Barrizales tremendos e inundaciones más que probables. Y como en tierra de tundra, agua estancada = mosquitos, podemos estar casi seguros de que habrá muchos, muchos mosquitos. Creo que aún no me hago a la idea de la cantidad de mosquitos que puede llegar haber en este pueblo. Yo que el año pasado ya pensaba que había demasiados. Y la gente que se reía y decía que era el verano con menos mosquitos de los últimos cien años.

Pero bueno, ya llegará el verano y ya nos vestiremos con mosquiteras en la cabeza cuando nos toque el turno. Y es que yo hoy no venía a hablar del tiempo.

Con el frío y la oscuridad que imperan por estos lares durante los meses invernales, es imposible no pasar mucho tiempo dentro de casa. Dentro de la tuya o de la de la vecina, pero dentro. Antaño, durante el invierno, las familias dedicaban muchas horas al día a contarse historias los unos a los otros, a través de la palabra o la danza. Hoy en día, con las prácticas tradicionales tan en desuso, es la tele quien cuenta la mayoría de las historias, pero algunos todavía siguen buscando reunirse para pasar el rato, compartir conocimientos varios y de paso mantener vivas algunas tradiciones a través de la artesanía.

Mi aportación a la lucha contra el letargo invernal fueron clases de yoga gratuitas. No soy profesora ni nada, pero con la inestimable ayuda de mis yoguis favoritas desde el otro lado de esta pantalla y mi propia experiencia con el yoga y la danza durante bastantes años, logré montar unas clasecillas que ofrezco todos los lunes por la tarde. Eso sí, mientras no baje el termómetro de 30 bajo cero, que no me enciende el quad. Gracias a estas clases, empecé a hacerme amiga de la mujer que lleva la oficina de correos en el pueblo. Es india, de la tribu Athabascan que son los que viven por aquí junto a los esquimales Yup'ik. Muy maja, en verdad, de la gente más maja del pueblo.

Esta mujer me vió un día pasando apuros mientras le cosía unos guantes de piel a mi hijo. Por lo visto estaba cosiendo la piel a contrapelo, así que me dijo que algún día me enseñaría a hacerlo a la manera tradicional, como agradecimiento por las clases de yoga, a las que viene siempre que puede. Esta mujer es toda una artista. Hace unos trabajos de artesanía preciosos. Fabrica especialmente prendas de abrigo que llevan haciéndose en su familia durante generaciones. Gorros, guantes, mocasines y mukluks, las típicas botas esquimales. Usa fundamentalmente pieles y huesos de los animales de la zona, además de los típicos abalorios universales. Sí, esas bolitas minúsculas que sirven para hacer todo tipo de ornamentos, y que curiosamente usan la gran parte de las etnias del planeta para fabricar artesanía, desde los Maasai de Kenia, hasta los Yup'ik de Alaska, pasando, como no, por los hippies del Rastro.

Hoy me volvió a hablar del tema, así que mañana por la tarde me reuniré con ella y un par de mujeres más, y pasaré un par de horas reconectando con viejas aficciones que tenía medio olvidadas. Y es que yo hace muchos años me pasaba horas haciendo bolsos, carteras, y todo tipo de cosas en cuero. Me encantaba todo lo que fuese trabajar con mis manos y crear cosas hermosas.

En estos últimos meses estoy logrando despertar mi lado creativo de nuevo: retomando la fotografía y el trabajo artesanal con piel, iniciándome de manera totalmente autodidacta en la escritura a través de este blog, y estirando y fortaleciendo mi cuerpo de manera regular gracias al yoga (que es lo más parecido a bailar que hecho en un tiempo).

En cierto modo esta temporada en Alaska está siendo como una vuelta atrás. Un paseo a modo de repaso de vida que me está dando la oportunidad de rescatar aquellas cosas que durante los años me han hecho sentir viva y que se me habían quedado olvidadas aquí y allá por el camino. A la vez, una vuelta a los orígenes, al contacto con la naturaleza, a aquellos tiempos en que no te quedaba otro remedio que ser lo más autosuficiente posible. Tiempos en los que cazabas tu alimento, te fabricabas tu propia ropa, y hacías tú mismo el pan, la pasta, la mermelada, y tantas otras delicias culinarias que hoy simplemente se compran en la tienda.

A veces, tomarse un tiempo para echar la vista atrás y rescatar según qué cosas, ayuda a seguir hacia delante con más fuerza y alegría de vivir. Si en Aniak además hubiese caballos, ya es que sería imparable.

martes, febrero 12

Frío... mucho frío...



"Camino a casa"
Aniak, Alaska
Enero 2008

A 40 grados bajo cero, la vida se ralentiza. Bueno, rectifico, mi vida se ralentiza, porque en el pueblo, hasta que no estemos a 50 bajo cero, la vida seguirá desarrollándose normalmente. Las escuelas seguirán abiertas, y la tienda, la clínica y correos también. Una vez superada la barrera de los 50 bajo cero, ya son más los que se quedan en casa, los niños ya no van al cole, y sólo los coches con las baterías más nuevecitas y resistentes se dignan a encender motores.

Llevo varios días sin apenas salir más que a por leña y a dar algún paseo muy cortito. Y es que las temperaturas andan bailando entre los 30 y los 40 bajo cero desde hace casi un par de semanas. Mi medio habitual de transporte, el quad, dice que no arranca pasados los 30 bajo cero. Y caminando aguanto lo suficiente como para llegar hasta la casa de la vecina antes de empezar a preocuparme de si mi hijo se estará quedando tieso ahí detrás en la mochila. Aún no estoy muy acostumbrada al frío y mi resistencia es pequeña en comparación a los autóctonos del lugar. Hay que tener en cuenta de que este es mi primer invierno en Alaska.

Desde luego, abrigarse bien es primordial. En invierno aquí no usas ropa de abrigo, sino equipo de alta montaña. Por supuesto, nada de ropa de algodón, que es lo peor para el frío, siempre lana o ropa sintética que retienen mejor el calor, cosa que he aprendido a golpe de congelamiento. Eso sí, varias capas de ropa siempre, estilo cebolla, para írtelas quitando y poniendo según el sitio a donde vayas, la calefacción que tengan, y el tiempo que pienses quedarte. Pantalones de nieve por encima de los otros, ya que las faldas en estas latitudes no tienen demasiado éxito. Botas de las que te venden como que aguantan 70 grados bajo cero, que es mentira, pero así te aseguras de que a 30 bajo cero tienes los pies calentitos. Y el parka o plumas ha de ser de los mejores del mercado porque si tiras por lo barato o lo estiloso, corres el riesgo de morir congelado.

Rematan el tocado un buen gorro de pieles, máscara para la cara, bufanda sobre la máscara, bien subida hasta los ojos, y un par de pares (no es una errata, son un par de pares) de buenos guantes. Básicamente lo único que queda al descubierto son los ojos, siempre y cuando vayas caminando y no haga viento. Si no, añádele al conjuntito unas buenas gafas de esquí, a ser posible que no empañen demasiado.

Puedo asegurar que lo peor de todo no es intentar moverse con un mínimo de garbo y salero con todo el equipo encima, sino sobrellevar el proceso de vestirse de tal guisa estando dentro de casa. Con tanta vestimenta, cuando por fin estás listo para salir a la calle, estás sudando como un pollo. No, y no vale esperar a salir fuera para colocarse la bufanda, la máscara, el gorro y los guantes, porque a 40 bajo cero, para cuando toca ponerse los guantes, ya tienes las manos heladas y puedo asegurar que no hay modo de que se vuelvan a calentar.

Hay un fenómeno muy curioso que ocurre pasada la barrera de los 20 bajo cero, al que te acostumbras rápido, pero que de entrada resulta una sensación física muy peculiar. A esto sí me he acostumbrado ya y me da hasta cosquillas. Con cada inhalación se congela la nariz por dentro y con cada exhalación se descongela. Me resulta difícil describir la sensación porque no he experimentado nunca nada que se le parezca, pero es literalmente como si el interior de la nariz quedara recubierto de una fina capa de hielo que se resquebraja si mueves la nariz como un conejito. Ahí es cuando da cosquillas. A estas temperaturas hay por narices que respirar por la idem, porque así el aire llega a los pulmones un pelín más calentito que haciéndolo por la boca. Y cualquier pizquita de calor es vital.

Hoy nos hemos despertado a 39 bajo cero, pero son las 4 de la tarde y estamos ya a 19 bajo cero. ¡Veinte grados en 8 horas! ¡¡¡Señoras, señores, esto es el anticiclón de las Azores!!! Y dicen los optimistas que las temperaturas se van a quedar por aquí, al menos unos días. Si es así, podremos volver a salir a esquiar un rato, darnos una vuelta en moto de nieve, o acercarnos hasta el río y volver a cruzarlo sin temor a quedarnos congelados por el camino. Por favor, por favor, por favor, por favor...

Desde luego, es difícil negar que todo es relativo, y la manera en que juzgamos lo que percibimos (sean eventos, personas, objetos o cualquier otra cosa) siempre depende del cristal con que se mire y también, por qué no, la latitud en la que se vive. Porque a ver quién me iba a decir a mí que un día iba yo a considerar 15 grados bajo cero una temperatura ES-TU-PEN-DA.



PD: Gracias Anna, por darme un premio bloguero. Os lo reparto a todos los que pasáis por aquí, y es que no soy muy de seguir según qué normas :) Y gracias Patricia. El tuyo es un regalo, no tiene normas, y es un cuadro hecho por tí, lo cual lo hace super especial y me apetecía presumirlo por ahí. Gracias a las dos.

jueves, febrero 7

Cercanía



"Cuentos a media tarde"
Amiak, AK
Julio 2007


Solía ser que cuando uno cogía las maletas y lo dejaba todo para irse a algún lugar lejano, el lugar de acogida se definía claramente por ese adjetivo. Era lejano. Tal vez incluso muy lejano, otro mundo. Solía ser también que el único medio de comunicación era el correo, y que las cartas a veces tardaban años en llegar. Eso si llegaban. Luego, con los anõs y el uso más generalizado del teléfono, empezamos a poder hablar directamente con los seres queridos. Tardabas horas en conseguir conferencia internacional y cuando finalmente funcionaba la línea no se sabía cuándo duraría la conexión, pero ya era mucho. De todos modos, solía ser que si estabas lejos, estabas lejos y la distancia era patente.

Hoy en día, con todos los inventos tecnológicos que han pasado a formar parte de nuestra vida diaria, esas distancias de antaño han dejado definitivamente de existir. Y el gran culpable de que ese cambio esté siendo tan drástico es, sin duda, Internet.

Para empezar, si no fuese por Internet, yo no hubiese nunca conocido a David. Si no fuesa por Internet, David nunca hubiese encontrado este trabajo en Alaska. Y si no fuese por Internet, yo nunca hubiera asentido a dejar mi vida en la ciudad y mudarme a Aniak.

Venirme a un pueblito al borde de la tundra del suroeste de Alaska no era algo que yo imaginaba que me depararía el futuro. Un pueblito donde vivimos 527 de las 13.000 personas que habitan en la cuenca del Kuskokwim, cuya extensión es aproximadamente la mitad de España y donde lo más fácil es sentirse aislado e incomunicado. Un pueblito donde no hay móviles porque la cobertura queda a muchos cientos de kilómetros de distancia. Un pueblito a donde sólo llega una emisora de radio, la KYUK de Bethel, que se me hace medio surrealista porque mezcla la música de mi adolescencia (Sex Pistols, AC/DC, Led Zeppelin...) con largas y pausadas charlas en Yup'ik, idioma que no entiendo. Un pueblito al que no nos hemos traído una tele porque ya hace años que no usamos. Un pueblito que en definitiva está lejos. Muy lejos. No de Siberia por supuesto, Siberia está a un par de horitas en avioneta. Pero sí de toda la gente que amo, de todo lo que conozco, y de todos mis otros sitios favoritos del planeta.

Por suerte, en ese pueblito lograron poner conexión a Internet vía satélite 3 meses antes de nuestra llegada. Y de repente ese pueblito ya no parece estar tan lejos. Desde ese pueblito perdido en el medio de una de las más vastas extensiones de naturaleza salvaje que existen en el planeta, abro ventanas a otros mundos cada día. Se me cuelan en casa mis amigos a charlar por las mañanas, aparece de pronto el abuelo a disfrutar un rato de la sonrisa de su nieto, se pasa la yaya a cantarle unas canciones a Naím en la cocina, saludo a unos y a otros cuando me los encuentro por las calles virtuales, encuentro retazos de otras vidas que no conozco en persona pero con los que disfruto leyendo...

Y aunque es cierto que los sentidos del tacto, gusto y olfato no pueden explayarse en la presencia de los que estando lejos están a la vez tan cerca, la vista y el oido sí pueden. Y ya que parece que poco a poco vamos añadiendole sentidos a la experiencia de la distancia, quizá un día terminemos por poder oler, saborear y tocar a los que tenemos lejos. Quién sabe.

De todos modos, hoy en día y aunque incompleta la experiencia, la compañía la siento muy real y la sensación de soledad y lejanía se hacen menos intensas. Gracias por estar ahí.

domingo, febrero 3

¡Prueba superada!


"Autopista de hielo" 

Aniak, Alaska 
Enero 2008 

 Ayer hice aquello que pensé tardaría meses (o años, tal vez) en atreverme a hacer. Fui capaz de cruzar el río en el quad sin morirme de miedo. Así dicho, de pronto y sin pensar, no suena tan terrible. Pero si piensas que debajo de esa capa de hielo, que puede llegar a medir un metro de espesor, corren las aguas del Kuskokwim, el río libre más largo de los EEUU, la verdad es que la cosa impone un poco. 

Confieso que durante unos segundos el corazón casi se me sale del pecho al darme cuenta de que ya no pisábamos tierra firme, pero me recompuse en un periquete. A estas alturas de año, el agua está lo suficientemente helada como para que gran parte del río se use como autopista. Es el único momento del año en que se puede salir del pueblo e ir a alguna parte sobre ruedas. En el verano puedes desplazarte en barca, pues alrededor todo es agua. Y durante las épocas de helada y deshielo, no te queda más remedio que quedarte quietecito en un sitio calentito y con comida, porque no se puede ir a ninguna parte fuera del pueblo. Por el río circulan motos de nieve, quads, camionetas, y hasta camiones y máquinas quitanieves. 

Pero aunque este dato aporta una cierta seguridad al novato o novata de turno (léase nosotros), lo cierto es que aquí y allá hay zonas de agua abierta y hay que saber reconocerlas para poder evitarlas. Y como todo el mundo en el pueblo parece tener alguna historia truculenta sobre aquel día en que se les rompió el hielo en el río y salvaron el pellejo milagrosamente, la seguridad que aporta el dato previo se hace añicos en un momentito. También es cierto que un gran porcentaje de los accidentes que ocurren vienen acompañados de nocturnidad, alevosía y alcoholismo, pero sigue imponiendo un gran respeto aun yendo completamente sobrio a plena luz del sol. 

 Estoy muy orgullosa de haber superado uno de mis grandes miedos en este rincón del mundo. Una vez más compruebo aquello de que ganamos en valor cada vez que hacemos aquello que nos atemoriza. No nos despertamos un día por la mañana sintiéndonos valientes porque sí, sin más. Es necesario reducir el espacio mental que ocupan los miedos y su verborrea incesante en nuestra cabeza, porque eso ayuda a que nuestra energía pueda transformarse en acción. Sucumbir al miedo sólo favorece la retroalimentación del mismo, lo cual suele tener un efecto paralizante. Y con este frío, lo de quedarse quieto no es buena idea.

Así que cuando esta mañana, y casi podría decirse que para celebrarlo, al mirar el correo, veo que desde el blog de Fini me han dado un premio bloguero, sonreí para mis adentros. Río helado, blog... qué más da, es todo parte de la misma conspiración universal. Me gustan estas coincidencias que tiene la vida. Por cierto, el premio que me han dado os lo entrego yo a todos y cada uno de vosotros que pasáis por aquí. Porque a todos os he leído en mayor o menor medida y a todos os agradezco la compañía y la inspiración en estos momentos.

jueves, enero 31

Agradecida



"Casa y sauna"
Aniak, Alaska
Enero 2008


Desde hace dos semanas hemos estado sin agua y aunque derretir nieve sobre la estufa de leña puede tener su toque bucólico y pastoril, el romanticismo desaparece por completo a la hora de fregar y sobre todo pretender aclarar los cacharros de la cocina. Hoy por fin, la casa ha vuelto a la normalidad y el agua corre por las cañerías de nuevo, llevando y trayendo cantidades increíbles de hierro y su consiguiente óxido. Pero es lo que hay si vives en esta zona de Alaska.

Hemos tenido muchísima suerte, todo sea dicho. Le hemos debido de caer en gracia a George, uno de los dos fontaneros que hay en el pueblo, y en un tiempo récord de dos semanas nos ha conseguido una bomba de agua nueva y nos la ha instalado. Esto en Aniak es como para anotarlo en el Guinness. No es broma. Aquí lo normal es que el currante de turno se haga de rogar durante meses. Porque sí, porque puede, porque le da la gana, y porque no le apetece trabajar. Te puedes dar con un canto en los dientes si al final consigues que aparezca. Y no puedes abrir las páginas amarillas y llamar a otro fontanero.

En realidad, en Aniak ni hay páginas amarillas, ni hay más fontaneros disponibles. Los pocos negocios que hay en el pueblo son una tiendita de víveres, una gasolinera, y una pizzeria donde no puedes ni sentarte a no ser que lo hagas en el suelo. Viniendo del país donde seguramente haya el mayor número de bares, restaurantes, cafeterías, y pubs por metro cuadrado en el mundo, resulta chocante el hecho de que no haya ni un sólo lugar de reunión social aparte del Bingo de los martes por la noche. Así que Bingo tenemos, pero un cine o una cafetería no.

Pero a lo que iba, que me lío. El estar sin agua dos semanas me ha hecho pensar en la poca atención que le prestamos a cosas que damos por sentadas en nuestra civilización "civilizada". Abrir un grifo y que salga agua fría o caliente, a placer. Apretar un interruptor y que se haga la luz. Meter ropa sucia en una máquina y que salga lavada. Tirar de la cadena y deshacerte al momento de tu mierda. Todas esas modernidades que hoy en día nos parece que casi son un derecho. Y no, lo que son en realidad es un auténtico lujo.

Mi recién retomada ducha diaria siempre ha sido mi momento preferido del día para repasar todas aquellas cosas por las que estoy agradecida. Ahora la lista incluye cosas tan mundanas como una bomba de agua, una lavadora y una cañería aunque esté medio oxidada.

domingo, enero 27

Randi



"Randi"
Aniak, AK
Enero 2008


Hoy ha crecido la familia. Así, sin previo aviso, casi que a traición se nos ha colado un perrillo en casa. Negro, con una mancha blanca en el pecho, y el pelo ni largo ni corto. Tímido, asustadizo, parece cachorro todavía. Tiene esa mirada de cordero degollado característica del palleiro al que han maltratado en alguna ocasión. Llevo meses haciéndome la dura con la idea de volver a tener un perro, pero esa mirada hoy finalmente ha podido conmigo. Naím le ha bautizado inmediatamente como Randi y la Tola le ha bufado muy orgullosamente, dejando bien claro quién es la dueña del territorio.

Será buena compañía en casa durante los numerosos viajes de David. También será buena compañía para los paseos por el bosque, ya que además del obligado GPS, necesario para internarse más de 10 metros en esta caótica espesura que nos rodea por todas partes, un perro tampoco está de más. Habrá que ver de qué manera reacciona ante la presencia de un animal salvaje, llegado el caso. Aquí dicen que si un perro no es capaz de ponerse entre tú y el oso, el alce, o cualquier otro de los bichos potencialmente peligrosos que abundan por estos lares, mejor que le metas un tiro sin contemplaciones y te deshagas de él. No se andan con chiquitas en el pueblo.

En Aniak no hay casa sin perros. El que menos, tiene dos o tres. Y el que más quizá unos 15 o 20. La gran mayoría son perros de trineo, a los que se empieza a ver a mediados de septiembre, una vez terminada la temporada de la caza del alce, corriendo delante del quad del amo, en formación, preparándose para el invierno. La gente aquí ha retomado la aficción a usar trineos tirados por perros como hobbie. Solían ser el medio de transporte habitual hace años, pero desde la introducción de la avioneta primero y la moto de nieve después, han quedado relegados a pasatiempo invernal. Un pasatiempo que mucha gente comparte.

Quizá hayáis oido hablar de la Iditarod, la más famosa carrera de trineos tirados por perros, que recorre casi 1700 km desde la ciudad de Anchorage hasta Nome, un pueblo en la costa oeste de Alaska. Esta carrera anual conmemora el viaje de cinco días que realizó un grupo personas y perros en 1925, recorriendo parte de este mismo camino para llevar, de urgencia, una carga de medicinas a Nome. Bueno, lo de "camino" es una licencia literaria, porque camino, lo que se dice camino no había entonces, ni hay ahora. Este viaje en trineo evitó que una epidemia de difteria se expandiese fatalmente por la zona. Hay que tener en cuenta que las epidemias se cargaron aproximadamente al 60% de la población nativa a principios del siglo. Es por ello que los componentes de este grupo salvador (hombres y perros por igual) se convirtieron en héroes nacionales y hoy en día se sigue conmemorando la heróica travesía con esta carrera.

Cada zona de Alaska tiene su Iditarod particular. La de nuestra zona se llama K-300 y, por desgracia, terminó precisamente un día antes de nuestro regreso a Alaska, así que no pudimos verla a su paso por Aniak. Tendremos que esperar al año que viene.

Mientras tanto, podemos ir entrenando a Randi para que aprenda a tirar del trineo de Naím.

viernes, enero 25

Sin luz




"Antes de que anochezca"
Castro de Baroña, A Coruña
Diciembre 2007


Hay días donde el optimismo, la fuerza, la alegría, y las ganas de estar en Alaska se evaporan. Igualico igualico que el agua de la bandeja que tengo siempre encima de la estufa de leña para intentar darle un poco de humedad relativa al hogar.

Esos días suelen ser también aquellos en los que siempre tengo frío, en los que me cuesta más cuidarme, en los que me da una pereza terrible hacer yoga aunque me sienta de vicio y soy plenamente consciente de ello... en fin, en los que en que las cosas parecen no tener mucho sentido. En esos días, las única actividades con un objetivo claro son aquellas que están relacionadas con la limpieza, la cocina y la maternidad. Y llegados a este punto, una se va tornando gris, oscura, y sin luz.

Evidentemente no ayuda el resfriado que arrastro desde hace un par de semanas y que no me ha dejado salir a la calle desde que he llegado por miedo a volver a coger una neumonía. Tampoco ayuda el no haber comenzado aún a dar mis clases de yoga, ni a juntarme con las chicas a hacer nada, ni a dar vueltas a sacar fotos... Y mucho menos ayuda esa extraña fuerza centrípeta que parece querer arrastrarnos de repente y sin venir a cuento hacia viejas y aburridas dinámicas de vida parejil.

Así que he optado por plantarme delante del fuego y sacar mi esterilla de yoga para hacer una mezcla de automasaje y yoga durante media hora larga. Y como también ha salido el sol, cuando se despierte el enanino y regrese David de trabajar cogeré la cámara y nos iremos a dar un paseo hasta el río.

Porque después de tres días de oscuridad grisácea, es que me aburro a mi misma.

martes, enero 22

Hogar dulce hogar



"Mar de montañas"
Alaska, de camino a Aniak
Diciembre 2007


Por fin, ya de vuelta en casita. Tras tres días de aviones y aeropuertos, durmiendo poco y mal, por fin hoy llegamos a Aniak. Nos recibió el invierno con unos increíbles 4 grados de temperatura, cuando la semana pasada estaban a 40 bajo cero. Y aunque la nieve se está derritiendo a pasos agigantados, casi que me alegro que la vida me ofrezca esta pequeña transición en vez de tener que sumergirme directamente en el crudo invierno ártico recién llegada del sol egipcio. Parece que en estas fechas siempre hay un pequeño "veranillo de San Martín" polar y hemos llegado justo a tiempo para disfrutarlo.

La vuelta nos ha obligado a comenzar a vivir por un tiempo al más puro estilo alaskeño rural, esto es, sin agua corriente. Mientras estábamos fuera, y gracias a que inesperadmete nos quedamos sin gasoleo para la estufa por un error de previsión, la calefacción se paró y la casa se puso a unos 10 grados bajo cero mientras fuera estaban a unos -30. Por ello, algunas de las cañerías reventaron, y con ellas, también la bomba del agua, que se rajó entera de lado a lado. Y sin bomba, pues no hay manera de sacar agua, claro.

Así que en esas estamos, derritiendo nieve para fregar los platos y darnos duchas al estilo esquimal en la sauna de vapor que tenemos fuera. Para lavar ropa, acudiremos a algún vecino generoso, porque lo de lavar con nieve como que ya no me apetece tanto, vaya. Eso sí, espero que no se vaya del todo la nieve, o nos quedaremos sin suministro regular de agua. Pero bueno, a pesar de los incidentes, es un placer estar en casa, volver a hacer fuego, y disfrutar de los ronroneos de la Tola.

Pues nada, voy a ver si puedo volver a dormirme, que tengo un jet lag de espanto y aquí ando, blogueando a las 2 de la mañana después de haber dormido cinco horas y ser cruelmente despertada por un hermoso enanito llorón que sufre el mismo jet lag que su madre.

viernes, enero 18

En la ciudad de los mil minaretes



"Minaretes"
Cairo, Egipto
Enero 2008


Cairo, la ciudad de los mil minaretes, me ha resultado caótica a la vez que curiosamente agradable. Con aproximadamente unos 16 millones de personas concentradas en una urbe gigantesca, lo único que aquí no existe es el silencio. Si no son las llamadas a oración que salen de los altavoces de las mezquitas y van extendiéndose por la ciudad como una ola interminable, son los incesantes claxones de los coches y sus ruidoso motores.

Hace muchos años estuve aquí unos días y la unica sensación que recuerdo de mi visita es la de pánico. Pánico debido única y exclusivamente al caótico tráfico que serpentea por la ciudad. Esta vez, gracias al majo de Hassan y a mi querido cuñado, mis nuevos héroes al volante, la impresión que me llevo es, Al Hamdu Lellah, mucho más rica. Supongo que a mis amigos del DF, el tráfico del Cairo no les impresionaría tanto, ya que son bastante parecidos. Eso sí, con la gran diferencia de que en Mexico he visto semáforos funcionando y conductores respetándolos, y en Cairo no he visto más que luces ámbar intermitentes que no indican mucho más que "cuidado!" en los cruces. Y luego cada uno que se las arregle como pueda. Coches, personas, burros, caballos, ovejas, motos, bicicletas y el ocasional barrendero en la autopista, bailan una coreografía improvisada compartiendo espacio y entrelazándose sin aparente orden ni concierto, aunque con sorprendente éxito.

Aunque suele ser inevitable sentirse en ocasiones como una moneda ambulante por el simple hecho de ser europeo en un país africano, me llevo un impresión muy agradable de la gente. Me ha gustado sobre todo la naturalidad con la que los hombres demuestran sus emociones, entre ellos y con los críos, cosa muy poco frecuente en nuestros países occidentales, donde la visión de dos hombres cogidos de la mano provoca todavía miradas furtivas y cuchicheos sobre sus preferencias sexuales y donde un hombre sonriendo, haciendo carantoñas o lanzándole besos al aire a un niño pequeño sería tomado como signo cuasi inequívoco de pedofilia. En Occidente estos gestos de cariño le estan socialmente permitidos a las mujeres y no tanto a los hombres. Luego, claro, está la otra cara de la moneda, ya que las manifestaciones afectivas entre hombres y mujeres en público son más bien púdicas y recatadas. No se puede tener todo.

Hicimos algunos recorridos turísticos inevitables estando en Cairo: las Pirámides y la Esfinge de Gizah, la Ciudadela, mezquitas varias, el barrio copto, el mercado Khan el Khalili... Pero sin duda los mejores ratos fueron aquellos que pasamos callejeando lejos de las hordas de turistas que invaden Cairo: paseando por estrechas callejuelas llenas de escuálidos gatos y hombres tomando te y fumando sisha; recorriendo parques como oasis en la ciudad repletos de parejitas jóvenes; comiendo en chiringuitos donde no se leía ni una sola letra de nuestro alfabeto (menos mal que David puede leer árabe); viendo la cara de felicidad de la señora que me enseñó a colocarme el pañuelo en la cabeza al modo tradicional (quizá se pensó que esta despeinada infiel iba a convertirse y taparse finalmente esos pelos de loca)...

Me quedo corta en mis explicaciones y se me quedan muchas cosas en el tintero, muchas impresiones, momentos, curiosidades... muchos retazos de vida sin contar. Ha sido toda una aventura que hoy toca a su fin. Mañana sábado salimos ya para Madrid, el domingo seguimos viaje a Seattle y el lunes aterrizaremos por fin de nuevo en Alaska. Han sido cinco semanas llenas de todo tipo de emociones, reflexiones, y diversiones, amigos y familiares de lo más diverso, y mucho sol y buen tiempo.

No hubiera cambiado este viaje por nada del mundo. Tengo la impresión de haber aprendido mucho y ahora me tocará realmente internalizar esos aprendizajes. Eso sí, desde mi rinconcito helado del polo norte y la rutina de mi vida diaria, a la que tengo muchas ganas de regresar. Nos vemos allá.

domingo, enero 13

Viajando



"Sonrisa desde el cielo"
Andorra, Teruel
Enero 2008


Con tanto viaje, no me salen las palabras. De tanto avión, tanto coche, tantos paisajes, tanta gente, tanta comida, tantos olores y tantas emociones, tengo el cuerpo y el alma embotados. ¿Quién los desembotará? El desembotador que los desembote, buen desembotador será.

Así que me paso por aquí para dejar una sonrisa capturada en el cielo hace unos días. Del cielo a mí, y de mí a todos los que pasais por aquí.

miércoles, diciembre 12

Antes de viajar



Amaneciendo a las 10
Anchorage, Alaska
Diciembre 2007

En dos días salimos de viaje a recorrernos medio mundo. Primero Seattle, con una paradita de 3 días para visitar a la familia y los amigos. Paradita que ayuda a hacer más llevaderas las treinta y pico horas de aviones y aeropuertos que tardamos en llegar a España desde Aniak. Luego a la península, donde más que irnos de vacaciones parece que nos fuéramos de gira, como las resurgidas Spice Girls esas. Volviendo a casa por Navidad como el turrón y recorriéndonos un montón de kilómetros para ver a todo el mundo: Madrid, Santiago, Teruel, Tarragona, y con suerte, hasta Granada. Y finalmente, antes de volver a casa, nos tomaremos unas vacaciones de verdad y nos iremos a Egipto, a pasar unos días con el hermano de David y su familia, a descansar, ver un poco más de mundo y a que Naím disfrute un rato más de sus primos.

Una parte de mí tiene muchas ganas de ir. Otra parte de mí no tiene ningunas. Esa parte preferiría quedarse en Aniak tranquilamente, viendo amaneceres hermosos desde la ventana de la cocina a las 10 y media de la mañana, cosiendo guantes de piel de castor para Naím, dando clases de yoga, haciendo pan, cocinando, recibiendo y dando masajes, disfrutando de nuestra sauna, sacando fotos a los paisajes helados que me rodean, compartiendo ratos con David y Naím, los tres juntos... Esa parte de mí quiere disfrutar al máximo de esta vida de lujo que tenemos ahora mismo, sin estrés, sin prisas, sin atascos de tráfico...

Estoy tremendamente agradecida por la oportunidad de vivir esta aventura tranquila que estoy viviendo en este lugar inhóspitamente acogedor. Aún no me he ido y ya tengo ganas de volver...

martes, noviembre 27

Cambios



"Agárrate"
Aniak, AK
Noviembre 2007


Poco a poco las cosas van cambiando y tomando una forma más definida para nosotros en esta esquinita salvaje del planeta. Todos los cambios están siendo positivos y hoy ya sé que el día que la vida me lleve a otro lugar, echaré de menos este pueblito perdido en la tundra de Alaska, mi hermosa cabaña, y la vida tan diferente que estoy llevando.

Uno de los cambios más curiosos estos días está siendo mi relación con el frío. Hasta hace muy poco, cero grados me parecía un frío de carallo. Hoy en día cero grados son, como dice el dicho, ni frío, ni calor. Salgo a por leña con una chaquetita fina a cero grados y ya no percibo el frío. Al contrario, me parece una temperatura fresca y agradable. Que curioso, ¿no?

Otros cambios sorprendentes y de los que estoy muy agradecida, los ha traído consigo mi racha social de las últimas semanas. He conocido a una chica que trabaja en la farmacia del pueblo y para mi gran deleite resulta que es masajista. Quién iba a imaginar que en Aniak íbamos a ser dos las masajistas, y que se me fuese a abrir una puerta a la posibildad de intercambiar masaje y cuidarme de esa manera. Como si se me apareciera un angelito, de esos que ayudan a que las experiencias polares sean positivas. Nos convencimos mutuamente al primer contacto y ahora todos los domingos nos encontramos en mi casa. Un domingo ella recibe masaje y al domingo siguiente lo recibo yo. Del masaje salimos directamente a la sauna calentita que ya nos tiene preparada David como preludio a la que luego se toma él. Eso sí, mucho más caliente que la nuestra. Tanto que yo la definiría casi como masoquista.

Por si encontrarla a ella no hubiese sido poco, resulta que esta chica vive con un hombre que además de ser un tipo muy majo y con pinta de poder llegar a ser un buen compañero de aventuras, especialmente para David, también es un manitas de la construcción y por lo que parece, uno de los pocos hombres a los que no les cuesta semanas y semanas plantearse el hacer unas chapucillas aquí y allá para otra persona en el pueblo. Algo no muy frecuente en Aniak, la verdad. Nuestra aventuras con dos supuestos fontaneros del pueblo dan como para dedicarles una entrada aparte. Así que siendo novatos en Alaska, encontrar a alguien que sabe hacer de todo en una casa y además es amigo es como encontrar otro angelito.

Y ya que va la cosa de angelitos, no puedo dejar de mencionar a Zaden (pronunciado Seidan), su hijo de 17 meses. Es un amorcito de niño que gorgojea todo el rato como un pajarito y se te echa a los brazos a la primera de cambio. Todo un regalo para sus padres, y ahora también para Naím. Esta semana hemos descubierto que se llevan estupendamente y Zaden ya se ha pasado un par de tardes en casa.

Así que poco a poco vamos creándonos una pequeña y variopinta comunidad alrededor. Sin ella, sería mucho más dificil pasar aquí el invierno. Un invierno que de vez en cuando nos regala días frescos y agradables, a cero grados.

¡Cómo son los cambios! El miedo que nos dan a veces... ese famoso miedo a lo desconocido. Y luego te das cuenta que una vez que decides vivirlos estando realmente presente, cuando menos te lo esperas te acostumbras a ellos y acabas percibiéndolos como positivos en tu vida.

Desde luego, los humanos tenemos una capacidad de adaptación increíble, nos acostumbramos a cualquier cosa, por imposible que nos parezca antes de vivirla. Y menos mal que es así.

martes, noviembre 20

Caprichos




"Caprichos en el hielo"
Aniak, AK
Noviembre 2007

¿Qué podemos agregar que no se haya dicho ya... o que sí se haya dicho?

domingo, noviembre 18

Hielo




"Hielo nuevo"
Aniak, AK
Noviembre 2007


La excursión en solitario de ayer hasta Correos fue muy agradable, pese a la sensación térmica de 47 bajo cero. El sol, el cielo azul, y la cantidad impresionante de luz que hay gracias al reflejo de la nieve hicieron el paseo estupendo. Me gusta esa combinación invernal de sol y nieve. Le da mil vueltas a la combinación de nubes y lluvia a la que estoy acostumbrada.

Me llevé la cámara al hombro y me encontré con un río ya completamente parado. Hielo amontonado por toda la superficie y agua abierta aquí y allá. Agua quieta, atrapada entre los bloques de hielo, sucumbiendo tranquilamente a la inevitable transformación que se avecina.

El hielo es absolutamente fascinante. Toma las más increíbles formas. Las cosas pequeñas y aparentemente sin importancia suelen esconder una belleza que sólo se le revela a quien tiene tiempo para pararse a buscarla.


sábado, noviembre 17

Aventurita de sábado




"Frío"
Aniak, AK
Noviembre 2007


Lo primero que miro todas las mañanas en cuanto aterrizo en la cocina a preparar el desayuno, es el termómetro que está fuera de la ventana de la cocina. Hoy me llevé un buen susto. Nada más y nada menos que 22 grados bajo cero!! Confieso que me asusta un poco salir a la calle con este frío y por eso mismo voy a hacerlo, para empezar a sacarme de encima este miedo al frío que me embarga. Como bien dijo Eleanor Roosevelt: "Ganas en fuerza, valor y confianza con cada experiencia en la cual realmente te paras a mirar el miedo de frente...a hacer las cosas que crees que no puedes hacer." En este caso, añado que también ganaré en resistencia al frío :)

Así que me voy a abrigar bien para subirme al quad y no quedarme tiesa de frío en medio minuto. Y cuando digo bien, quiero decir requetebien, porque hay que tener en cuenta de que a 30 km/h, la sensación térmica pasa de 22 a 47 grados bajo cero.

Mira tú por donde, un simple paseíto a Correos en sábado por la mañana, se convierte en un reto personal y toda una aventura!

miércoles, noviembre 7

Me gustan los lunes




"Familia"
Aniak, Alaska
Noviembre 2007


Uno imaginaría que viviendo en Alaska ha de ser difícil no tener mil y una aventuras que contar todos los días. La realidad, en cambio, es que cuando una se dedica a ser maruja y madre, sea en Alaska o donde sea, gran parte de las aventuras terminan oliendo a pañal sucio y sofrito de cebolla.

No es fácil adaptarse a una nueva vida de ama de casa después de casi 20 años definiéndome como mujer trabajadora y profesional, económicamente independiente y gastronómicamente inculta. Cambiar esa definición de mi misma por una que implica no trabajar fuera de casa, depender económicamente del marido, y cocinar todos los días conlleva una cierta dosis de reestructuración interna. Es un proceso variopinto que incluye facetas como superar prejuicios fuertemente adheridos, o desarrollar una creatividad otrora inexistente en terrenos previamente ignorados, como la cocina. Aprendizajes que le dan un toque trascendental y necesario a este proceso, cuyo lado más práctico y mundano, en cambio, resulta similar a la tarea de hacer un collar de cuentas sin haber anudado el hilo al final. Cuando crees que estás acabando el collar y lo levantas para mirarlo, orgullosa de tu trabajo, todas las cuentas ruedan silenciosamente por el suelo y no queda más remedio que volver a comenzar. Una y otra vez... sin descanso.

Y luego está la vida de madre, que no te deja más opción que reinventarte desde los cimientos. Jamás me he sentido tan en mi lugar y a la vez tan fuera de lugar e incompetente. Es tan fácil tenerlo todo clarísimo cuando no hay hijos de por medio y todo se reduce a hipótesis y teorías. Y de repente aparecen, con esas sonrisas que derriten universos, esos berrinches incomprensibles que ponen a prueba la más santa de las paciencias, y esas ocurrencias que te dejan turulata o muerta de la risa o ambas cosas a la vez. Y te cambia la vida, porque por mucho que digan que no tienen por qué cambiarte la vida, la vida te cambia irremediablemente. Para bien, para mal, para todo...

Y por fin llega el lunes, con su mala fama, trayéndome de vuelta una parte de mi ser. Una parte que dejé atrás hace un tiempo, que me sienta bien, que logra sacar lo mejor de mi misma, que echaba de menos y que reconozco como auténticamente mía. Gracias a la oportunidad de comenzar a impartir clases de yoga en el pueblo y de seguidamente atender un grupo de mujeres en el que la charla y las risas se entremezclan con las manualidades de todo tipo, la vida en Aniak está tomando otro color.

Estas recién estrenadas actividades me ofrecen mucho. Las clases me dan la oportunidad de tener una cierta vida profesional (aunque yo no sea profesora de yoga certificada y no cobre por ellas), volver a experimentar la sensación de estar colaborando al bienestar de los demás, y aprender a perderle el miedo a trabajar con grupos. El grupo de mujeres me ofrece la oportunidad de volver a trabajar con las manos, que es algo que siempre me ha apasionado y que tenía olvidado desde hace mucho tiempo. Mi primera "manualidad" está siendo un gorro al más puro estilo esquimal, de piel de zorro, para asegurarme de que al menos las ideas y las orejas no se me congelarán este invierno. Pero lo más importante es que ambos grupos me ofrecen la oportunidad de conocer a algunos de los habitantes del pueblo y empezar a tener una vida social.

Los lunes recupero una parte de mi ser que me hace falta para continuar adelante y que está siendo la clave para lograr ese precario e imprescindible equilibrio entre darse a los demás y darse a uno mismo. Equilibrio sin el cual es tan fácil perderse y acabar siendo engullido por la vida, en vez de acabar viviéndola plenamente.

Me gustan los lunes.

jueves, octubre 18

Viaje a la ciudad




Montañas en Anchorage
Mayo 2007


Hace casi 12 años, cuando aterricé en este país con la intención de quedarme sólamente un año, el primer choque cultural lo tuve al entrar en un supermercado. Yo venía acostumbrada a las tienditas chiquitas y si no recuerdo mal, lo más grande que existía por aquel entonces en mi tierra era el Día. Aquí en cambio, la gran mayoría de los supermercados eran y son macro-cadenas en las que hay un mínimo de 100 marcas diferentes de cereales. ¿Quién demonios necesita 100 marcas de cereales para escoger? Me pareció ridículo e innecesario, un ejemplo perfecto de la abundancia obscena que caracteriza a este país.

En el pueblo, Aniak, tenemos un supermercado en el que no creo que haya más de 5 marcas de cereales para escoger. Un supermercado donde los precios son desorbitados, las verduras están plastificadas, y hay mucho, mucho polvo en los estantes. Lo usamos básicamente para comprar huevos, de esos aderezados con quién sabe cuantos tipos de hormonas y antibióticos. Y sólo porque difícilmente llegarían intactos de otro modo. El resto de los víveres los compramos en la ciudad.

Una vez cada par de meses o tres, como ahora, venimos a Anchorage aprovechando algún viaje de trabajo de David. Anchorage es la ciudad que nos queda más cerca y también la más grande de Alaska, aunque no es la capital del estado. Esto es algo siempre me ha llamado la atención de este país: la ciudad más grande y más conocida de todos y cada uno de los estados nunca es la capital. Uno imaginaría que Nueva York habría de ser lógicamente la capital del estado de Nueva York. Pero no, mira tú por donde, la capital es Albany. ¿Y me quieres contar quién ha oido nunca hablar de Albany?

Como no hay otro medio de transporte posible desde Aniak, venir a Anchorage implica un viaje de hora y media en avioncito o avioneta sobrevolando tundra, ríos, lagos, montañas y glaciares. Ir a "hacer la compra" es toda una aventura: pasas horas y horas corriendo de acá para allá comprando comida al por mayor, herramientas, materiales de construción, ropa, y todo lo necesario para pasar unos meses hasta el próximo viaje a la ciudad; haces paquetes y más paquetes con todas las compras para llevarlas a correos o a alguna empresa de cargo; y regresas a casa cargado con enormes neveras de camping llenas de verduras frescas y comida refrigerada y congelada que no has podido enviar por correo por temor a un estropicio. A este estilo de ir de compras se le llama aquí "guerrilla shopping." Es un auténtico plastazo y bastante estresante, la verdad.

Pero por otro lado, el viaje a la ciudad también implica la posibilidad de comer en un restaurante, tomarse un café o una copa en un bar, ir a un parque con el crío, entrar en una tienda por el puro placer de curiosear, conducir un coche... Un montón de cosas que se dan por sentadas viviendo en la "civilización" y que hoy en día para mí son un lujo tremendo.

Nunca hubiese imaginado que el entrar en un macro-supermercado de los que me apabullaron hace años, fuese algún día a ser reconfortante para mí. Y esta sensación no sólo la siento en los supermercados, sino con la mayoría de aquellas cosas que menos me han gustado de las ciudades: el tráfico, el ruido, el asfalto, la gente desconocida que no te mira, o las innumerables líneas rectas del paisaje urbano.

Qué curiosa es a veces la paz que confiere aquello que nos resulta familiar y qué cierto resulta entonces aquel refrán que dice: "Más vale malo conocido, que bueno por conocer."

viernes, octubre 12

Mi medio ambiente




El deshielo del Kuskokwim
Aniak, Alaska
Mayo 2007


Ya que hoy es 15 de Octubre y hace unos días me apunté a esto del Blog Action Day, pues aprovecho y cuento un poco qué demonios se me ha perdido a mí en esta esquinita del mundo, porque viene a cuento de temas medioambientales.

David, el hombre con quien comparto camino y una familia chiquita y hermosa, aceptó un trabajo en enero que implicaba dejarlo todo y trasladarnos a vivir a Alaska durante un mínimo de 3 años. La decisión no fue fácil, pero la tomamos y aquí estamos. Ahora trabaja como director del Consejo de la Cuenca del Río Kuskokwim, intentando crear dicha organización desde la base. Es un pelín surrealista que un turolense se haya venido a Alaska a crear una organización medioambiental que represente los intereses de las 29 tribus Yup'ik y Athabascan que habitan a lo largo del río libre más largo del país, pero la vida tiene estas cosas. Desde luego, no es tarea fácil.

El proyecto está en sus más tiernos principios: buscando representantes de los distintos pueblos y tribus para crear la mesa directiva de la organización. La idea es comenzar a desarrollar proyectos que ayuden a la conservación de la cuenca del río. Especialmente a nivel medioambiental, pero también a nivel social y cultural. Proyectos como el control de calidad de las aguas del río y el desarrollo de programas de reciclaje de basuras están ya en sus fases iniciales. Un proyecto interesante en desarrollo es un campamento que tendrá lugar el próximo verano donde críos y abuelos compartirán unos días juntos para explorar diversas tradiciones culturales, de esas que con los efectos de la civilización occidental y sobre todo de la televisión, están poco a poco pasando a mejor vida. Si os interesa y leeis inglés, podéis visitar la página web del Consejo.

Mientras tanto, nosotros en casa intentamos llevar una vida lo más sostenible posible. Eso implica reducir al mínimo el consumo de recursos fósiles, intentar reciclar lo más posible en un lugar donde aún no existe ningún programa de reciclaje funcional, y procurarnos una parte de nuestra propia comida a base de cazar y pescar en la zona. El año que viene, con suerte, también tendremos una huerta lo suficientemete grande para darnos verduras para una parte del invierno.

De lo que resulta imposible prescindir aquí es de utilizar asiduamente uno de los mayores contaminantes y consumidores de recursos de hoy en día: los aviones. Aprendí hace poco que 1 de cada 69 personas en Alaska es piloto. Y la verdad es que no es sorprendente. La mayor parte de Alaska es como la zona de la tundra donde vivimos, sin comunicación por carretera a ninguna parte más allá del basurero que está a dos kilómetros del pueblo. Aquí al menos el mismo río se convierte en autopista de hielo durante 3 o 4 meses al año, conectando todos los pueblos de sus orillas y permitiendo a la gente desplazarse en moto de nieve o camioneta de un lugar a otro.

A mí todavía me da miedo lo de desplazarme sobre el río helado, pero me cuentan que hasta camiones circulan por encima cuando el hielo es más grueso, así que debe ser bastante seguro. Ya os contaré :)